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Reinventarse o Morir. Transformación de Centros Comerciales bajo el nuevo paradigma económico/urbano

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Southdale Mall circa. 1956. Via Shorpy

Hace unos meses tuvimos la ocasión de comenzar a trabajar en un proyecto absolutamente conectado con la situación actual de cambio económico/urbano, la revitalización urbana de un centro comercial. Un espacio genérico, en un lugar genérico de cualquier periferia urbana. Para nosotros, diseñadores sociales urbanos preocupados por detectar las necesidades de la sociedad contemporánea, este proyecto ha sido una inyección de realidad muy estimulante que nos ha obligado a reconsiderar nuestra posición sobre los centros comerciales y su papel en la ciudad actual.

El concepto de centro comercial, como lo entendemos y experimentamos actualmente, podría tener los días contados. No hace falta ser “un Krugman” para darse cuenta de esto. El mundo de los centros comerciales, que ha gozado de gran gloria en los últimos años, no ha sido precisamente un terreno de experimentación e innovación. Se trata de un modelo, que importado de Estados Unidos, y muy vinculado a la movilidad en coche, se ha implementado en distintas geografías y culturas con limitadísimas variaciones. Las mismas marcas, la misma gastronomía en una atmósfera absolutamente genérica, controlada, climatizada y desconectada del exterior, tanto física como culturalmente. Una atmósfera idónea sólo para consumir, sin ni siquiera proveer espacios de descanso o las condiciones para que los espacios “comunes” funcionen como un verdadero espacio público, entendido como espacio para la relación entre las personas, la socialización. Un espacio interior, de propiedad privada, y con unas normas de utilización muy restrictivas, que emula un espacio “público” exterior.

Lo peor para la innovación urbana es que cualquier tipología gastada y repetida hasta la saciedad sea rentable económicamente. En esa situación podemos llegar a pensar, erróneamente, que lo estamos haciendo bien, porque el dinero manando sin fin es el mejor antídoto para reflexionar sobre otros muchos aspectos, tanto o más importantes que el balance económico. Ahora toca preguntarse: ¿Era tan malo pararse a pensar durante un instante?

Como primer ejercicio, hicimos una búsqueda en Google (shopping mall interior) y este es el resultado:

 

Es curioso ver cómo edificios en contextos tan distantes y distintos, ofrecen espacios, soluciones y elementos tan homogéneos. La primera anotación que se podría hacer es que la estética y la filosofía que hay detrás de estos malls, así como su finalidad exclusivamente de ‘máquina para vender’, son muy similares en cualquier parte del mundo. Edificios como estos representan plenamente el fenómeno de la globalización del lenguaje arquitectónico y de la reproducción de un modelo social y económico a escala mundial. Muchos artistas han interpretado y registrado esta realidad; entre ellos el fotógrafo Michael Galinsky, que en 1989  a la edad de 20 años, decidió realizar un viaje recorriendo numerosos centros comerciales a lo largo de todos los Estados Unidos. Ese trabajo ha sido recopilado en el libro Malls across America, publicado gracias a una iniciativa de crowdfunding en kickstarter.

Foto de Michael Galinsky

¿Cómo surgieron?

El concepto de un espacio ‘calle’ con comercio a ambos lados, donde poder caminar protegido de la intemperie y donde el ciudadano/cliente elige en qué tienda hacer sus compras, es una invención que encuentra sus raíces históricas en la sociedad post-Revolución Industrial. La aparición de la burguesía y con ella la semilla de la actual sociedad de consumo, empezaron a modelar en esta dirección la forma de los centros urbanos contemporáneos. El más conocido germen histórico de estos nuevos espacios urbanos, donde la vida social y el comercio se hallaban completamente superpuestos, son los pasajes cubiertos en el Paris del s. XIX. Estas lujosas calles comerciales, cubiertas por sofisticadas estructuras de vidrio y acero para permitir el paso de la luz natural, pueden considerarse el antecedente del contemporáneo shopping mall, generando pequeñas “ciudades, mundos en miniatura” dentro del tejido urbano de la ciudad, tal y como fueron definidas por Walter Benjamin.

Pero el centro comercial tal y como lo conocemos actualmente, se considera un ‘invento’ del arquitecto austriaco-americano Victor Gruen, quien en 1952 definió su visión en un artículo de la revista Progressive Architecture, despertando la imaginación de promotores y ayuntamientos. Victor Gruen concibió el primer prototipo de centro comercial cerrado en Edina, Minnesota, en 1956. Su idea inicial era incluir en el conjunto todos los elementos que componen la ciudad, es decir viviendas, escuelas, espacios públicos y vegetación. El utópico proyecto original de Gruen para el Southdale Mall finalmente omitió en su realización el resto de elementos y toda la innovación se concentró en el formato “espacio cerrado para compras”.

Posteriormente la “Victor Gruen Associates” siguió realizando un gran número de shopping malls, llegando a definir una tipología específica de edificios con este fin comercial. La enorme difusión de este modelo genérico que simplifica hasta el extremo la superposición de urbanidad, vida social y actividad comercial, modificó los patrones de consumo, la forma de desplazarse y los hábitos de ocio de millones de familias norteamericanas. El modelo que se ha extendido hasta nuestros días se encuentra, por consiguiente, totalmente centrado sobre el tema del consumo, dejando fuera la reflexión sobre espacio público y ciudad.

 

La cultura automovilística de EEUU fomentó la tendencia de centros comerciales suburbanos. Via Malls of America.

 

El increíble éxito económico de los centros comerciales en América venía reforzado por estilo consumista del “american way of life” y, finalmente, de una manera progresiva, muchas ciudades acabaron por abandonar su centro urbano al convertir el shopping mall en el contenedor de la vida social o el lugar de encuentro para adolescentes. En 1990, el centro comercial vivió un pico de popularidad y en EEUU abrían sus puertas 140 centros al año.

Este formato se fue extendiendo por otras ciudades y países, siendo también importado a Europa e instalado en el viejo continente como una reformulación de la galería comercial inventada en ciudades como París, teniendo ya poco que ver con ese arquetipo. Se crea en paralelo con una nueva cultura urbana y de consumo que implica el uso del coche, la expansión de la huella urbana y la vida en la periferia. Las ciudades europeas, con una intensa vida urbana en sus centros, también reproducen este modelo.

¿Cómo están hoy?

Desde el comienzo del nuevo siglo, la creación de centros comerciales ha vivido una ralentización. Existen numerosas razones para ello:

1: Los más grandes, increíbles y novedosos ‘shopping malls’ se han venido realizado en las nuevas “Américas” del mundo; es decir en China, Emiratos Árabes, Malasia….

2: Los centros existentes en Europa y Estados Unidos, sufren una crisis que, lejos de ser exclusivamente económica, va más allá de la actual recesión. Es una crisis estructural del modelo, una crisis que probablemente es debida al fin del efecto novedad, así como a la existencia de un contexto distinto y nuevos modelos de negocio que son posibles a través de la compra online. Hoy el escenario económico es distinto, la competencia entre los centros más antiguos y obsoletos y los recién construidos es atroz e internet multiplica su actividad comercial cada año, restando negocio al comercio físico.

3: La obsolescencia es una parte fisiológica de la vida de todo objeto y por tanto la capacidad de innovar y de buscar nuevas oportunidades es imprescindible para la supervivencia. Los centros comerciales, por su enorme éxito económico, no han tenido la necesidad de replantearse ni cuestionar su modelo, de innovar o de incorporar programas, ideas o cambios para adquirir una identidad propia. Este exitoso negocio ha engrasado una maquinaria económica que ha clonado el mismo modelo sin dejar espacio para el cuestionamiento: ¿por qué repensar un modelo que es altamente rentable y funciona en contextos y culturas distintas?


Reinventarse o Morir. Posibles soluciones para la revitalización urbana

Hoy es necesario pensar en el ciudadano-cliente, no como un mero consumidor al que intentar vender cuanto más mejor, sino como alguien que puede disfrutar al tener una experiencia diferente mientras visita el centro. Potenciar la idea de espacio público en un edificio de propiedad privada es un reto conceptual, que va contra la propia definición y objetivos de un centro comercial. Pero esta nueva realidad económica requiere un replanteamiento de los preceptos que han funcionado hasta ahora, lo que abre nuevas posibilidades y estrategias, que gracias a la crisis económica y urbana, tienen cabida.

Estos edificios no pueden seguir basando su supervivencia sobre un atractivo en decadencia. Las posibilidades son renovarse o morir. El modelo de centro comercial, tal y como lo hemos conocido hasta ahora, necesita abrirse al espacio que lo acomoda, dejarlo entrar, ser menos hostil con el entorno y sus visitantes y proporcionar una experiencia más conectada a la realidad de los usuarios y a la ciudad donde se encuentra. Por otro lado, la actual crisis posibilita la incorporación de usos y programas, que expulsados de otros espacios, pueden ser utilizados para introducir nuevos contenidos a espacios disponibles.

Centro Comercial de Santa Mónica: de mall a calle comercial abierta.

Santa_Monica_Place_Macerich

El centro comercial Santa Monica Place, que gracias a la sostenibilidad de su transformación ha recibido la certificación LEED. Foto: Macerich

Los centros compiten hoy por agasajar al cliente, proporcionándole una experiencia diferente, una atmósfera que más allá de una oferta comercial amplia, le ofrezca otros alicientes.

En esta búsqueda de experiencias, es interesante la estrategia del Santa Monica Place, un centro comercial diseñado por Frank Ghery hace más de 30 años, que después de invertir 265 millones de dólares y cerrar temporalmente, ha optado por reconfigurarse, demoliendo la cubierta y convirtiéndose en un centro/espacio comercial abierto con vistas al océano, las montañas de Santa Monica y el Santa Monica Pier. Un ejemplo magnífico de reconfiguración de un espacio comercial, que opta por una solución radical para crear una experiencia más urbana, frente a la atmósfera encapsulada y climatizada que predomina en la tipología clonada del shopping mall.

La experiencia “shopping mall” de Ecosistema Urbano

Gracias a un encargo profesional, hemos tenido la oportunidad de estudiar a fondo un centro comercial del área periférica de Barcelona. Este centro creado en los años 90, frente a los de carácter suburbano sólo accesibles en coche, es de carácter urbano; siendo accesible a pie o en transporte público, lo que le otorga un enorme valor añadido. La ubicación del mall es particularmente favorable, por lo que la propuesta tiene un fuerte carácter urbano, donde el reto principal ha sido la identificación de una estrategia de revitalización o cuestionamiento de su propia identidad, en relación con el tejido urbano que lo rodea: ¿Qué actividades o usos se pueden incorporar? ¿Cómo conectar con los ciudadanos del área? ¿Cómo dar respuesta a la realidad social del barrio? ¿Qué nuevo papel puede desempeñar este edificio? ¿Cómo mantener la actividad comercial y económica, permitiendo que la ciudad se apropie de este espacio en actual decadencia?

 

La propuesta aborda la reconfiguración del centro a través de la introducción de nuevos programas en un intento por convertirlo en un espacio mucho más público, siendo capaz de atraer a usuarios que de otra manera no acudirían. Frente a la opción de proponer un único programa que ‘resolviese’ las patologías actuales del centro, la propuesta estudia las alternativas posibles para dinamizar el edificio generando una nueva identidad para cada una de ellas, pudiendo distinguirse de otros centros comerciales, que como ya hemos mencionado, carecen de identidad distintiva.

Una manera de reinventar nuevas funciones sociales en un gran espacio cubierto, es mediante la identificación  de diferentes temáticas y actividades, que teniendo conexión con el lugar, generan una nueva identidad, vinculada a nuevas necesidades o deseos. Establecer nuevas relaciones entre el espacio y el deporte, el juego, la cultura, la tecnología, la gastronomía, el networking …o cualquier otra actividad urbana, puede conectar con los ciudadanos que, cansados de experimentar un edificio monofuncional, se sienten atraídos por experiencias urbanas cada vez más complejas.

Una de las operaciones necesarias para lograr la mayor integración posible del centro comercial en su entorno urbano, es la de diluir los límites entre interior y exterior, favoreciendo que el uno entre en el otro, haciendo que el espacio cerrado sea más permeable, más conectado física y conceptualmente con su entorno inmediato. El límite físico de conexión entre ambos es la fachada y sobre ésta se focaliza una buena parte de la intervención. La fachada se convierte en ‘interfaz‘ de conexión con los ciudadanos, sirviendo como soporte para muchos tipos de nuevas actividades (escalar,  descender por un tobogán, ver cine, visualizar una plataforma digital con la que interactuar a través del móvil, incremetar la presencia de especies vegetales,…).

El modelo propuesto para el centro comercial en Barcelona podría ser un ejemplo de cómo estos edificios pueden convertirse en equipamientos públicos, de manera que, gracias a un enfoque que considera aspectos medioambientales, participativos y tecnológicos, se puedan actualizar lugares que han quedado obsoletos, anacrónicos o infrautilizados.

Estrategias

A // Centro Comercial + Actividad Física

Introducción de actividad física-deportiva en el espacio comercial.

– El deporte, la actividad física y el ocio como nuevo motor de reactivación del centro comercial.
– Actividades complementarias a los usos existentes, que pueden atraer a nuevos usuarios y tener un mayor radio de acción.

 

B // Centro Comercial + Campo de Juegos

Edificio para experimentar y descubrir.

– Programas asociados a los niños/adolescentes/adultos.
– Edificio como lugar a experimentar y descubrir.
– Promover el centro y el espacio público como lugar lúdico mediante elementos singulares.

 

C // Centro Comercial + Creatividad y Cultura

Actividades culturales y creativas asociadas al centro comercial

– Nuevos programas asociados a la creatividad como complemento a las actividades comunes de un centro comercial.
– Conexión con iniciativas existentes en la ciudad: grupos de música, aficionados, grupos de teatro, danza, circo, etc.
– Espacio vacío frente al edificio transformado como nueva ‘plaza’ urbana.

 

D  // Centro Comercial + Capa Digital

La dimensión digital incorporada como parte del edificio.

– Lo digital como una capa más, añadida a lo existente:
_ generar nuevas posibilidades de uso
_fomentar conexiones centro-usuarios y entre usuarios
_posibilitar nuevos modos de comunicación e información

 

E // Centro Comercial + Gastronomía

La comida como catalizador social

– La comida como elemento de interacción social.
– Gastronomía como catalizador de encuentro intercultural.
– Actividades conectadas con la gastronomía: clases, encuentros, restaurantes, tiendas especializadas,…

 

F // Centro Comercial + Networking

Espacios que inducen a crear nuevas conexiones y generar iniciativas.

– Espacio de oportunidad para nuevas iniciativas, emprendedores, espacios compartidos.
– Nuevos modelos de gestión para acomodar usos y necesidades del entorno urbano, conectando con lo existente para potenciarlo.

 

Esperamos que estas propuestas sirvan de inspiración a los numerosos centros comerciales “sin identidad” que se encuentran en nuestras ciudades, y que deben explorar ideas y visiones más completas y estimulantes para adaptarse a la nueva realidad económica y responder de manera activa y creativa a las nuevas realidades sociales.

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La evolución de los mercados municipales | El caso del Mercado de San Antón, Madrid

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Entrada y letrero del mercado - Foto por Yukino Miyazawa en Flickr - clic para ver original

Entrada y letrero del mercado – Foto por Yukino Miyazawa en Flickr – clic para ver original

El mercado de San Antón se ubica en el corazón del barrio de Chueca, en pleno centro histórico de la ciudad de Madrid. El mercado fue inaugurado en el año 1945, normalizando e higienizando la venta de productos de alimentación que hasta entonces se realizaba al aire libre como mercadillo inundando de suciedad y malos olores esta zona del barrio de Justicia. Finalizada la guerra civil comienza la construcción de un mercado estable y cubierto que será inaugurado en 1945. El mercado fue construido con pilares de hormigón careciendo de todo interés arquitectónico, en parte debido a la necesidad de abaratar los costes en un contexto de guerra mundial donde escaseaban materiales como el acero.

Desde entonces y hasta su remodelación a partir del año 2006, el mercado de San Antón ha sido el mercado del barrio de Chueca. En los años 50 y 60 acogiendo a la población rural procedente de otras regiones de España. Durante los años 70 siendo el mercado familiar de los vecinos del barrio que criaban a sus niños en la década del desarrollismo y el baby boom en la ciudad de Madrid. En los años 80 empezaba a gestarse en el barrio una transformación social fenomenal que situaría al barrio como epicentro de la vida nocturna vinculada a la movida madrileña pasando el testigo en los 90 a la población gay que eligió el barrio de Chueca no ya solamente como lugar de vida y tránsito nocturno, sino como su referente residencial emblemático en la ciudad. En todos estos años, el mercado de San Antón fue el mercado del barrio de Chueca, para todos aquellos que lo habitaron y lo habitaban.

Antiguo mercado municipal de San Antón - Fuente: Caminando por Madrid - clic para ver original

Antiguo mercado municipal de San Antón – Fuente: Caminando por Madrid – clic para ver original

Es especialmente significativo el reconocimiento y aceptación que el antiguo mercado tuvo entre la población profesional de nivel socioeconómico medio-alto y orientación gay que recaló en el barrio desde los años 90. El mercado, antiguo, gris de hormigón, apagado por fuera, sin embargo atesoraba en su interior el bien más preciado por los vecinos: unos comerciantes emblema del barrio, conocedores de su historia y enraizados en ella, al frente de sus puestos y respondiendo diariamente de ellos en una relación de competencia, cooperación y complementariedad. El mercado de San Antón era una institución reconocible y apreciada por los vecinos. Los más antiguos por las relaciones trenzadas en el tiempo, los recién instalados porque encontraban entre las paredes del mercado y en el trato con los comerciantes un fragmento de esa identidad local necesaria para dialogar con la dimensión global, cosmopolita y anónima de sus vidas cotidianas. Fue un ejemplo del “buen vivir” popular propio de la ciudad de Madrid en esos años.

Sin embargo, el mercado de San Antón del barrio de Chueca necesitaba una profunda reforma integral de los elementos arquitectónicos exteriores e interiores a la altura de las exigencias de un establecimiento comercial de su entidad en el siglo XXI. En el año 2002, los veinte comerciantes adjudicatarios de las cincuenta bancas o puestos que constituían la Asociación de Comerciantes, comenzaron el largo proceso de reforma integral apoyándose en el Plan de Modernización y Dinamización de Mercados del Ayuntamiento de Madrid y del Plan FICO de la Comunidad de Madrid. En total ambas instituciones públicas cubrían a final de realización del proyecto el 35% del coste contratado en adjudicación. Sin embargo, la gran dimensión del proyecto, que exigía la demolición del edificio y su nueva construcción, era inalcanzable financieramente para la Asociación de Comerciantes. En esta tesitura se incluyó en el proyecto a una gran empresa de distribución; la adjudicataria fue finalmente la cadena Supercor del grupo El Corte Inglés. La financiera de esta empresa asumió el aval del coste de las obras que la Asociación de Comerciantes del Mercado de San Antón afronta desde entonces y durante las próximas décadas hasta su pago y liquidación. A cambio el supermercado se quedó con un tercio aproximadamente de la superficie comercial del nuevo mercado.

Vista de las tres plantas del mercado - Foto por Laura Tomàs Avellana - clic para ver original

Vista de las tres plantas del mercado – Foto por Laura Tomàs Avellana – clic para ver original

En el largo y complejo proceso de negociación del proyecto, la mitad de los antiguos comerciantes del mercado decidieron retirarse recibiendo a cambio una indemnización por la renuncia a la concesión del puesto correspondiente. Finalmente quedaron once de los antiguos comerciantes. El concepto de mercado que concibieron fue en aquellos momentos muy innovador: Unir una oferta de productos de alimentación fresca de alta calidad y distinción en la primera planta, con una oferta de establecimientos de comida semielaborada junto con establecimientos de restauración en la segunda planta. La tercera planta estaría destinada a una terraza cafetería abierta al cielo de Madrid. Todo ello en el marco de un diseño de mercado cómodo, funcional y vanguardista, con una iluminación cálida y climatización regulada; puestos abiertos y con diseño homogéneo e innovador.

Distribución de usos - Fuente: espormadrid.es - Clic para ver artículo original

Distribución de usos – Fuente: espormadrid.es – Clic para ver artículo original

Vista de uno de los puestos - foto por Yukino Miyazawa - clic para ver original

Vista de uno de los puestos – Foto por Yukino Miyazawa – Clic para ver original

Un espacio amable, reconstruido para la visita, la compra y el recorrido pausado. Una decisión clave fue integrar un solo puesto de alimentación por gremio. Es decir, una frutería, una charcutería, dos carnicerías como excepción, una panadería, etc… La razón era evitar la incomodidad del cliente ante la fidelización hacia un comerciante que implica el necesario rechazo al de al lado; incomodidad inevitable en una cultura de mercado basada en intercambios recíprocos que se prolongan durante largos períodos de tiempo. En fin, por lo dicho, pueden hacerse una idea de los destinatarios prioritarios del nuevo mercado de San Antón: Población profesional de poder adquisitivo medio-alto residente en el barrio de Chueca desde los años 90 que había hecho de la distinción social de género su símbolo de identidad y éxito.

El 17 de mayo del año 2011, el nuevo mercado de San Antón abría sus puertas con esplendor, nacía el símbolo del nuevo tipo de mercado del siglo XXI que requería la ciudad de Madrid. Autoridades políticas y sociales bendecían el nuevo mercado, la ruta a seguir para el resto estaba marcada.

El nuevo mercado es bonito y funcional, incluye un parking subterráneo, permite la compra integral gracias al supermercado. La organización interna es racional y los espacios de decisión claramente diferenciados. El supermercado es un ámbito autónomo cuya dinámica no interfiere en el discurrir diario del espacio del mercado. La asociación de comerciantes integra a los once comerciantes adjudicatarios de los 25 locales del espacio integral. Todos ellos, comerciantes adjudicatarios y responsables de los negocios arrendados están representados a su vez en AMSA (Asociación del Mercado de San Antón). Los restaurantes y cafeterías tienen su ritmo y horarios propios. Los portones del mercado abren los 365 días del año, de 10h de la mañana hasta las 12 de la noche. Los puestos del mercado de alimentación cierran a las 10 de la noche si bien sus productos permanecen visibles (a través de un original sistema de paneles deslizantes translúcidos). Los puestos de alimentación no dejan de ser el factor de atracción que da sentido y distingue el espacio integral a ojos del público que tapea o cena en los restaurantes de la segunda planta y la terraza de la tercera planta en verano. Es todo un paradigma de convivencia de espacios.

Vista hacia el interior a través de los vidrios de la terraza - foto por Emilio Canosa - clic para ver original

Vista hacia el interior a través de los vidrios de la terraza – foto por Emilio Canosa – clic para ver original

La terraza: diseño actual y vistas al barrio - Foto por Emilio Canosa - Clic para ver original

La terraza: superposición simbólica de elementos de diseño actual y vistas al barrio tradicional – Foto por Emilio Canosa – Clic para ver original

Los comerciantes del mercado han puesto en funcionamiento la fórmula de compra por teléfono y entrega a domicilio centralizado. Aproximadamente el 25% de la cifra de ventas del mercado de alimentación se realiza por este canal. Respecto a la compra presencial, entre semana puede verse a grupos de turistas recorrer el espacio integral con sus cámaras de foto y vídeo, apenas compran en la primera planta, pero degustan alguna tapa en los restaurantes de la segunda.

El fin de semana sucede algo parecido, los turistas se mezclan con visitantes de toda la ciudad de Madrid que acceden al mercado para tomarse unas cervezas en un entorno familiar que reproduce el espacio reconocible propio de una tarjeta postal de la cultural de mercado tradicional de Madrid.

Cafetería - Foto de Yukino Miyazawa - Clic para ver original

Cafetería – Foto de Yukino Miyazawa – Clic para ver original

Lo reproduce, pero no lo es, porque como mercado de abastos, los vecinos reales y residentes del barrio de Chueca han desertado. Solamente acuden a su antiguo mercado de San Antón a comprar productos gourmet para eventos excepcionales, momentos de comensalidad especial, en ningún caso para la compra del día a día. Los vecinos del barrio de Chueca, independientemente de su estatus económico, social o de género hacen su compra en otros mercados, preferentemente en el mercado aledaño de Barceló.

Cuando se pregunta a los vecinos por las razones, la respuesta es sencilla: porque hay comerciantes de verdad, reales y reconocibles. No hablan de precios ni de calidades, hablan de comerciantes. Si pensamos en una definición tipo y actual de mercado de abastos encontramos las pistas:

“Un mercado es una institución social y comercial dedicada esencialmente al intercambio de productos de alimentación; compuesta por comerciantes autónomos en relación de competencia, cooperación y complementariedad.”

Por eso decíamos en el párrafo anterior que el espacio integral de San Antón reproduce una tarjeta postal, pero solamente la reproduce, porque faltan sus protagonistas principales: los comerciantes. Más de la mitad de los once comerciantes supervivientes del antiguo mercado de San Antón tienen arrendados sus puestos a empresas comerciales franquiciadas de los gremios correspondientes de alimentación y hostelería. Los clientes son atendidos por empleados del comercio correspondiente: profesionales, bien uniformados, cordiales, limpios y asépticos. Perfectos para la fotografía o el vídeo, para la promoción del Madrid de postal que ofrece esta administración, para la mirada complaciente ante la cerveza y la tapa de moda; insuficiente para los vecinos del barrio que quieren frente a ellos profesionales que venden mientras aconsejan y orientan, que conocen a fondo sus productos porque los han seguido a lo largo de toda la cadena de valor, de origen a destino, que compiten y cooperan ofreciendo variedades diferentes en tipo, calidad y precio en cada uno de los gremios, que son hijos –por nacimiento o adopción– del barrio y del mercado cuya historia, virtudes y defectos conocen y defienden porque son parte de ellos… Y además son profesionales, limpios y cordiales.

Uno de los puestos más tradicionales... ¿o no? - Foto por Yukino Miyazawa - Clic para ver original

Uno de los puestos más tradicionales… ¿o no? – Foto por Yukino Miyazawa – Clic para ver original

A fecha de hoy, dos años y medio después de la inauguración del mercado de San Antón, los once comerciantes que componen la Asociación de Comerciantes del Mercado de San Antón son conscientes que han inventado un nuevo mercado, pero que por el camino han perdido al barrio. Un mercado de abastos no es una sociedad artificial y anónima que se reproduce homogéneamente como una franquicia o un supermercado de barrio. El mercado, y los once comerciantes adjudicatarios del mercado ya han tomado conciencia de ello; un mercado tiene que tener raíces en el espacio social para ser reconocido como tal por sus clientes, si no, no funciona. Y esas raíces son ellos mismos, los antiguos comerciantes del Mercado, los que constituyen la asociación de comerciantes del mercado de San Antón y que los vecinos buscan y no encuentran.

Acceso al mercado - Foto por Yukino Miyazawa - Clic para ver original

Acceso al mercado – Foto por Yukino Miyazawa – Clic para ver original

Para empezar a visibilizarse como tales, la Asociación de comerciantes, conservando los elementos estéticos y el acertado concepto que lo ha convertido en un mercado innovador y vanguardista de la ciudad, ha empezado a desarrollar diferentes estrategias para visibilizarse y empezar a recuperar a las gentes y vecinos del barrio de Chueca como clientes. Por ejemplo, invitando a los colegios del barrio a hacer recorridos gastronómicos por sus instalaciones, estableciendo relaciones con las asociaciones del barrio, etc. El diseño de la estrategia comercial del mercado de San Antón, acertada al unir oferta de alimentación de calidad y restauración, sin embargo, desacertó al pensar que el factor de distinción, de género, que había canalizado el éxito de la renovación del barrio de Chueca, se trasladaría mecánicamente al campo comercial a través de un concepto de distinción identificado con “calidad artificial sin arraigo.”

Movimiento junto a la entrada del mercado - foto por Emilio Canosa - clic para ver original

Movimiento junto a la entrada del mercado – Foto por Emilio Canosa – Clic para ver original

Lo que todos aprendemos diariamente es que un mercado de abastos de verdad, reconocible y reconocido por sus vecinos y clientes, se puede renovar, reinventar, pero no trasplantar. El edificio y sus pilares de hormigón pueden ser nuevos, funcionales y atractivos, pero sus raíces son orgánicas, necesitan tiempo para enraizar en el cuerpo social al que pertenecen. Quizá ésta sí sea la ruta a seguir para otros.

Artículo de Juan Ignacio Robles (www.antropologiaenaccion.org), profesor de antropología social en la Universidad Autónoma de Madrid, publicado inicialmente en la revista “Distribución y consumo” nº 82 de Mercasa

Enlaces de interés:

Página web oficial: http://mercadosananton.com/
Críticas y comentarios diversos de los usuarios: Mercado de San Antón – Minube
El nuevo edificio es de QVE Arquitectos – estudio Ataria

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Involucrando al habitante en la rehabilitación energética | Guía URBACT CASH para la edificación sostenible

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El proyecto URBACT CASH (Cities Action for Sustainable Housing) se centra en rehabilitación sostenible de viviendas sociales y asequibles. Durante el curso del proyecto uno de los principales elementos de éxito identificados en cualquier esquema de regeneración fue la participación de los ciudadanos, así como la implicación de toda una región más amplia.

En este artículo, representantes de dos ciudades del proyecto, Echirolles en Francia y Sonderborg en Dinamarca, dan su punto de vista en ese sentido sobre la manera de asegurar el éxito de los programas de actualización energética, y comentamos también brevemente una guía que han publicado sobre el tema desde el propio proyecto CASH. Estas reflexiones, emitidas por gente del mundo de la gestión y las políticas, resultan complementarias y coincidentes en muchos puntos con la visión que puede tener un arquitecto, un urbanista o un sociólogo urbano, y permiten entender mejor este tipo de proyectos.

Echirolles, Francia

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Alain Fayen, Jefe del Departamento Legal y de la Propiedad de la Société Dauphinoise pour l’Habitat SDH, una sociedad arrendadora de vivienda social.

Llevar a buen término cualquier operación renovación para la eficiencia energética (EE) de viviendas sociales es fundamental, ya que requieren grandes inversiones y, a menudo, una financiación pública importante. El éxito de este tipo de operaciones está condicionada a la adhesión de los inquilinos y requiere un proceso de participación de éstos antes, durante y después de la renovación. Además, es esencial involucrar a los habitantes en las decisiones que afectan el futuro de su casa. Sin embargo la elección del tipo de renovación EE y de los sistemas a emplear resulta difícil, ya que lo propietarios de viviendas sociales ven limitada por los financiadores la naturaleza de la reforma. Los inquilinos pueden estar implicados allí donde haya un espacio o cierta flexibilidad otorgada a los propietarios por parte de las entidades financieras, así como en relación con la gestión de los equipos y la supervisión final del rendimiento obtenido.

Carole Simard, Teniente de Alcalde de Echirolles

Los cargos electos que son responsables de los presupuestos de la ciudad y de la orientación de los procesos de renovación energética, están a favor de la participación ciudadana en la etapa más temprana posible. En el distrito Village 2 de Echirolles, tanto los funcionarios como los propietarios de viviendas sociales han estado trabajando en el núcleo del proceso con los inquilinos, que estuvieron profundamente implicados en éste.

Este trabajo continuo con el habitante es clave, como también lo es considerar que la escala de tiempo del habitante es diferente a las de los funcionarios o a la de los propietarios de viviendas sociales: los inquilinos esperan cambios a corto plazo. A pesar de este enfoque participativo, las limitaciones relacionadas con las fuentes de financiación inhiben la progresión hacia una co-concepción de la renovación energética.

Sonderborg, Project Zero, Dinamarca

URBACT CASH Project participants visit Project Zero in Sonderborg

URBACT CASH Project participants visit Project Zero in Sonderborg

Christian Eriksen, Coordinador del Project Zero

A la pregunta “¿Cuál es la importancia de la participación de la región en una planificación estratégica de la energía?” podemos responder que la dificultad en el inicio de un plan estratégico de este tipo es el aspecto económico. Se requiere más de 1 millón de euros para iniciar el proyecto.

La administración regional puede ayudar a obtener este fondo de arranque y eliminar las barreras políticas. La implicación de la administración también ayuda a proporcionar una visión común a los diferentes actores – desde organizaciones públicas y ciudadanos a los posibles socios desde la industria.

Guía breve sobre herramientas de renovación para la eficiencia energética

Uno de los puntos fuertes de URBACT es la generación y puesta a disposición de un conocimiento práctico sobre temas que afectan a las ciudades, un conocimiento que se construye en una red de ciudades europeas y luego queda a disposición de cualquier otra ciudad.

En esa línea, las ciudades socias del proyecto CASH han preparado una guía breve sobre vivienda sostenible, Cities Advice for Sustainable Housing. Este documento no se centra tanto en describir las últimas tecnologías disponibles para la renovación energética, como en cubrir otros aspectos a menudo pasados por alto pero que son fundamentales para lograr una mayor eficiencia energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles. Por ejemplo, la manera de permitir que propietarios e inquilinos con bajos ingresos puedan, respectivamente, invertir en la renovación de la vivienda y seguir viviendo en ésta. O la reducción y la optimización del trabajo durante las fases críticas del proceso, creando sinergias con la asociación entre agentes implicados. O asegurar la eficiencia energética de los edificios mediante comportamientos apropiados que resulten de la capacitación y empoderamiento de los habitantes.

De este modo, aunque producida y enfocada desde y para una visión más propia de organismos oficiales, resulta interesante para otros agentes implicados en el proceso porque da una visión global del asunto que rara vez tiene en mente, incluyendo temas más cercanos a un profesional técnico como la producción y distribución de la energía o el aspecto tecnológico, temas más sociales como la participación ciudadana o asuntos más de gestión como los instrumentos financieros o el marco legal.

La guía ha sido principalmente pensada para las ciudades y da, para cada tema, el estado de la cuestión y los aspectos clave (en particular los obstáculos, dificultades y soluciones),  ofreciendo una serie de casos de éxito extraídos de la experiencia de las ciudades socias y presentando las recomendaciones del proyecto CASH en forma de una declaración o proposición de cara a los socios de la industria.

Cities Advice for Sustainable Housing – Sophie Moreau

Artículo original en inglés, publicado en el blog de URBACT por Ségolène Pruvot, basado en el CASH Newsletter, con la autorización de Sophie Moreau, coordinadora de CASH desde Echirolles.

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Cascina Cuccagna en Milán | Implicación de la comunidad, regeneración y ahorro de energía

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Cascina Cuccagna - Fuente: URBACT

Una casa de campo histórica en el centro de Milán se convierte en un nuevo espacio público energéticamente eficiente

Durante la última reunión del sexto grupo de trabajo “Eficiencia Energética en la Edificación” en Milán los pasados 5 y 6 de noviembre de 2012, el grupo central y otros asistentes tuvieron la oportunidad de visitar uno de los proyectos de renovación más interesantes que están actualmente en marcha en esa ciudad.
La intervención está definida desde un enfoque holístico que une la regeneración urbana, la arquitectura, la rehabilitación energética y la participación social.

Uno de los proyectos paralelos que prepararían el territorio de Milán para la Expo 2015 iba a ser “100 cascine”: una red de granjas históricas dispersas en Lombardía, semi o totalmente abandonadas, que serían recuperadas para proporcionar alojamiento durante la exposición y, en un futuro, proporcionar oportunidades para revitalizar el paisaje agrícola y afrontar el consumo del territorio.

Ese plan, como muchos otros relacionados con la expo 2015, fue anulado por los organismos públicos, dejando sus posibilidades de renacimiento en las manos de los voluntarios o de jóvenes empresarios. Afortunadamente, una de las granjas ha despertado el interés de varias asociaciones que cuentan con cierta experiencia en la recuperación de zonas urbanas degradadas.

Esta es una historia acerca de esas personas románticas y elegantes que quieren demostrar que el trabajo para la comunidad es rentable.

Cascina Cuccagna - Fuente: URBACT

La antigua granja declarada inservible se recupera gracias a la acción de grupos ciudadanos

Cascina Cuccagna es una antigua edificación construida en 1695. Cascina es la expresión italiana para una granja agrícola, y Cuccagna (Cucaña en español) se refiere tradicionalmente a un mítico país de las delicias culinarias, un significado que encaja con el renovado carácter del edificio.

En 1881 el edificio fue vendido a una familia de tenderos y la parte norte de la casa se transformó en “casa di ringhiera”, una vivienda tradicional en Milán con un porche común abierto. En los años 40 y 50, cada habitación servía de alojamiento a una familia entera. El mismo espacio se utilizaba como sala de estar, comedor y dormitorio al mismo tiempo. A través del porche se compartía el acceso al agua corriente y el baño.

En los años 60 Cascina Cuccagna fue muy conocida en Milán como una taberna que quedaba abierta toda la noche, llamada “Osteria dei Naviganti e Sognatori” (La taberna de los navegantes y soñadores).

En 1980 la propiedad fue vendida al municipio de Milán, que la declaró no apta para el uso. Hubo que emplear más de 20 años y el trabajo de varias organizaciones y grupos de ciudadanos para conseguir un nuevo proyecto de restauración.

Cascina Cuccagna - Fuente: URBACT

Un proyecto de rehabilitación dirigido por 10 asociaciones unidas en un consorcio

En 2004 diez asociaciones que operan en Milán se unieron para formar la “Associazione Consorzio Cantiere Cuccagna” y desarrollaron un programa para incorporar la rehabilitación de la antigua granja en un espacio multifuncional y colectivo para la comunidad.

En el mismo año el Consorcio participó en un concurso público para la gestión del edificio, y en 2005 obtuvo una concesión formal por 20 años para su uso y gestión, bajo las restricciones propias de una renovación conservadora.

La transformación de la granja Cuccagna en un centro multifuncional requirió una inversión de 3,5 millones de euros. Gracias al apoyo financiero de fundaciones y bancos el Consorzio pudo comenzar las obras en noviembre de 2008. Desde entonces se ha estado llevando a cabo una actividad permanente de recaudación de fondos, en la que los ciudadanos de Milán han jugado un papel muy importante. Gracias a su generosidad casi 100.000 euros han sido recogidos a través de donaciones y contribuciones individuales.

De hecho, la recaudación de fondos es más activa que nunca, ya que hay todavía muchas obras por pagar y por llevar a cabo. En los próximos años, uno de los mayores desafíos para la Cuccagna Cascina será lograr su sostenibilidad y el equilibrio económico entre los ingresos provenientes de las actividades comerciales que se llevan a cabo en sus espacios (bar, restaurante, tienda de alimentos, albergue y servicios para los niños), y una recaudación permanente de empresas, instituciones y otros socios.

Cascina Cuccagna - Fuente: URBACT

Una restauración respetuosa con el edificio

La restauración se está llevando a cabo en el marco del Consejo Regional del Ministerio de Patrimonio Cultural y Conservación del Medio Ambiente, que eligió una restauración conservadora para respetar la historia del edificio.

Cascina Cuccagna - Fuente: URBACT

Los trabajos de restauración se han dedicado a la conservación del edificio (suelos de terracota lombarda, vigas de madera originales…), pero al mismo tiempo se han añadido nuevas instalaciones, entrando a formar parte de la estratificación simbólica de los elementos arquitectónicos. También incluye el uso de nuevas tecnologías sostenibles, como el sistema hidro-geotérmic de calefacción o y el aislamiento ecológico. Todas las decisiones han sido tomadas de acuerdo con el European GreenBuilding Programme.

Cascina Cuccagna - Fuente: Facebook

Cascina Cuccagna es hoy un espacio de usos múltiples y un punto de encuentro entre generaciones y culturas

Cascina Cuccagna, situada a sólo 4 paradas de metro de la Piazza Duomo, es la más céntrica de las 60 granjas en propiedad de la municipalidad de Milán. Consiste en más de 2000 metros cuadrados de área techada y 1500 metros cuadrados de jardines y otras zonas verdes. Se trata de un espacio polivalente para el barrio y la ciudad, y un punto de encuentro entre generaciones y culturas.

Hoy en día Cascina Cuccagna aloja muchas actividades: La “Ciclofficina”, un taller permanente en el que todo el mundo puede aprender a reparar su bicicleta; un mercado de agricultores (que tiene lugar todos los martes por la tarde desde 2009) y una tienda de comestibles que vende sólo productos locales; un restaurante que sirve recetas únicas hechas con los mejores productos de temporada locales; un grupo de consumo ético (gruppo di acquisto solidale, GAS) para facilitar la compra de los alimentos y otros bienes de uso común directamente de los productores; un banco del tiempo, como sistema local de intercambio y comercio. Cascina Cuccagna funciona también como espacio para eventos, y en breve abrirá un albergue de 12 camas junto con un servicio permanente para niños y familias.

Se trata de un espacio único porque trae los aspectos más tangibles del campo a la ciudad. Y es el espacio perfecto para desarrollar la participación activa de los ciudadanos y un nuevo concepto de vida “verde” metropolitana.

Como prueba de ello se ha convertido en un referente cultural durante la Semana del Diseño de Milán, que en abril de cada año atrae la atención de todo el mundo.

Cascina Cuccagna - Fuente: Facebook

Página oficial de Cascina Cuccagna: www.cuccagna.org
Cascina Cuccagna en las redes sociales: Facebook | Twitter | Google+ | Foursquare

Sobre este artículo: Comentarios de Marco Pozzo sobre una visita realizada en el marco del Grupo de Trabajo URBACT “Eficiencia Energética en la Edificación”, que revisa y consolida los resultados de los proyectos URBACT relacionados con la eficiencia energética.
Artículo original: Once upon a time in Milan – Renovation and energy saving
Sobre el grupo de trabajo “Eficiencia Energética en la Edificación”, ver el artículo de Antonio Borghi publicado en el URBACT Tribune.

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Conferencia en Santiago de Compostela

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Esta tarde (20 horas) Belinda Tato, ofrecerá una conferencia en la Fundación Araguaney, bajo el título Participación ciudadana y criterios de sostenibilidad en la transformación de la ciudad. La charla se enmarca en el Foro de Debate sobre la Transformación de la Ciudad, un ciclo organizado por la delegación compostelana del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) en colaboración con Emuvissa, la Concellería de Urbanismo, el Aula de Renovación Urbana y la Fundación Araguaney. continue reading