Por eso, retomando nuestra serie de recomendaciones #followcreative, queremos destacar hoy una iniciativa que está agitando la red… al menos la parte de la red que nosotros conocemos: thinkcommons.org
Hace unos meses, Domenico di Siena comenzó a hacer cada miércoles una sesión en directo, desde su casa, en la que conversaba con un invitado sobre temas relacionados con el procomún, la creación colectiva, la colaboración, la cultura libre y el open government. Cada sesión se emitía desde su webcam a través de un canal online que permitía a gente de todas partes seguir la presentación e interactuar a través del chat.
Con el tiempo, semana tras semana, el proyecto ha ido creciendo. Ahora cuenta con un nuevo logo y una nueva web, los invitados y los temas se han seguido sucediendo, y se han ido construyendo y reforzando lazos entre los asistentes: personas creativas, activas y unidas por esos intereses comunes. Hasta el punto de que ahora Think Commons se define como una ambient intelligence network, una especie red de inteligencia ambiental o contextual “que reproduce las condiciones necesarias para construir una comunidad de personas que interactúan y se reconocen como actores de la misma”.
Una experiencia que deja tras de sí una serie de interesantísimas sesiones que os recomendamos revisar, y que pretende seguir emitiendo puntualmente cada miércoles, como podréis constatar si seguís su calendario.
¿Y #meetcommons? Llega un momento en cualquier comunidad en el que la interacción online pide a gritos ser complementada con el encuentro presencial. Lo que surgió como una “quedada” entre los asiduos se fue extendiendo, cogiendo impulso, y arranca hoy como un evento de organización distribuida sobre trabajo colaborativo, redes y cultura libre que durará tres intensos días y que está abierto al que quiera pasarse por Lanave (av. Daroca, 49) en Madrid o seguirlo en directo desde otro lugar.
Bernardo Gutiérrez dirige la red internacional de innovación Futura Media, con sede en la ciudad brasileña de São Paulo. Futura Media busca puentes entre las redes sociales y el territorio. Incentiva la innovación multiplataforma, el diseño abierto y las nuevas narrativas. Twitter: @bernarsosampa y @futura_media
Entre julio y noviembre de 2009, los estadounidenses Joshua Glenn y Rob Walker llevaron a cabo el proyecto Significant objects. El objetivo: probar que un objeto con una historia vale más que un objeto sin ella. Para el experimento invitaron a cien reconocidos escritores, Whitehead, Jonathan Lethem o Bruce Sterling entre ellos. Cada uno debía inventar una historia para un objeto viejo comprado en el portal eBay. El resultado fue contundente: las baratijas compradas en eBay por un total de 128,74 dólares fueron vendidas por un 3.612,51 dólares. El valor añadido de las historias fue donado posteriormente a causas sociales. ¿Cuánto cuestan unas mini botas de metal? 3 dólares. ¿Cuánto valen las botas si pertenecieron a unos soldados aventureros de Sicilia que se embarcaron en la Guerra Civil de Estados Unidos (historia inventada por Bruce Sterling)? 86 dólares. La narración de la epopeya, la emoción generada, cuestan 83 dólares.
Los significant objects de Rob Walker no sólo marcaron un punto de inflexión entre historias y objetos. Ampliando el ángulo, remezclando imaginarios, me atrevo a decir que los objetos+narraciones son una verdadera bomba para las ciudades del siglo XXI. Marcel Duchamp revolucionó las artes plásticas atribuyendo valor a objetos cotidianos (objects trouvés). De la misma manera, la tecnología móvil —smart phones, realidad aumentada, códigos QR— va a dinamitar los objetos compartidos con nuevas capas de subjetividades. Un objeto que acumule varios niveles de información adquiere un nuevo valor. Y esa nueva realidad aumentada y compartida —cuya única herramienta es un teléfono móvil, un código y un lector de códigos— puede modificar las relaciones humanas, el espacio público y el eje pasado-futuro de las ciudades.
Precisamente fue Bruce Sterling, una de las voces más aclamadas de la ciencia ficción, quién entrevió este nuevo universo de objetos-con-historias. Bruce, en Shaping things, hablaba de spimes, “objetos sociales con historias escondidas”, “objetos localizados en el espacio y el tiempo, siempre asociados a una historia”. Hoy en día no hace falta tener imaginación ni vocación visionaria para convivir con estos spimes. Si colocamos nuestra historia sobre cualquier objeto gracias a Stickybits, estamos creando “objetos sociales con historias escondidas”. Pero me gusta más hablar del proyecto británico Tales of things, “las historias de las cosas”. Primero, porque el objetivo del mismo no es comercial. El valor añadido, la historia que cada individuo aporta, es personal. Segundo, porque introduce el espacio urbano en el juego narrativo. Cualquier persona puede colocar un código en la Collingwood Tower de Melbourne, por ejemplo, y contar una historia sobre ella. Cualquiera pueda escanear el código y añadir otra historia. La torre pasa a ser un bien común, una narración colectiva.
Calles = objetos compartidos. Y ahora llega la vuelta de tuerca Objetos-Ciudades. ¿Por qué no consideramos una calle, una plaza o una avenida como un objeto, como un spime de historias compartidas y escondidas? En un momento en el que algunas instituciones o marcas apenas hablan de una Internet de las cosas de objetos conectados con sensores, de datos controlados verticalmente, las Historias de las cosas cocinadas conjuntamente pueden jugar un papel vital. De nuevo, la tecnología necesaria es asustadoramente básica. Podemos abrir una entrada en la Wikipedia para un rincón / calle / parque de una ciudad. Después, creamos un código QR para dicha entrada con la herramienta gratuita QR Pedia. Una vez colocado en el espacio físico serán los ciudadanos los que creen una narración colectiva (suma de narraciones individuales) sobre dicho lugar. Parece inevitable: las instituciones o marcas tendrán cada vez más difícil imponer narrativas sobre lugares concretos. La voz ciudadana se va a elevar. Y la ciudades, bosques o islas se irán transformando colectivamente gracias a un procomún de historias.
¿La narrativa de la calle Serrano de Madrid será siempre sinónimo de consumo de lujo? ¿O un nuevo enjambre conectado rescatará el pasado intelectual de Serrano, la herencia de la Residencia de Estudiantes, y recordará la creación sin ataduras de Buñuel, Lorca o Dalí? ¿Conseguirá el Ayuntamiento de BCN anular la marca 15M, sus narraciones colectivas, colocando pistas de hielo comerciales sobre la Plaça de Catalunya? De momento, la aplicación móvil Layar ofrece la posibilidad de averiguar qué objetos / calles a nuestro alrededor tienen una entrada en Wikipedia. Editar la entrada / calle está a pocos clics de distancia. Participar en una wikinarración que nos sobrepasa será apenas una cuestión de voluntad. Las narraciones colectivas no sólo van a corregir el pasado mitificado, exagerado o directamente manipulado del espacio público. Van a modelar el presente y, con ello, van a sugerir futuribles.
Y aquí llegamos a otro detalle crucial: las narraciones están adoptando formatos híbridos, mutantes, imprevisibles. Un mapa elaborado colaborativamente con la herramienta WhatIfde Ecosistema Urbano es una narración colectiva. Una serie de tweets alrededor de un hashtag es un relato colectivo. El sonido de una plaza (voces, gritos, música), grabado y subido a la red, puede ser un tipo de relato. El proyecto HistoryPin, que yuxtapone en google maps fotos antiguas y recientes vinculando personas del presente gracias al pasado, es una narración colectiva. Y basta colocar un código escaneable —muy pronto ni si quiera hará falta código— en el espacio físico que nos traslade a un sitio de Internet para completar el círculo de los relatos del procomún.
Nuevos totems. En 1939, Alfred Hitchcock acuñó un término, MacGuffin, aparentemente irrelevante. Un MacGuffin es algo, normalmente un objeto, que sirve para mantener la narración cinematográfica viva. Un objeto que conduce, que cataliza, que cautiva. La estatua de El halcón maltés (John Huston) o la botella de uranio de Encadenados (Hitchcock) eran MacGuffins. En el año 2008 el inclasificable artista Noam Toran dio un paso al frente: creó una Biblioteca de MacGuffins. Pero una biblioteca de objetos reales. Objetos donde convivían, según el propio autor “historias de Borges y Carver, mitos urbanos, historias alternativas”. Realidad ficción. Objetos subjetivos. Valor añadido-inventado. La realidad, como solía decir el escritor mexicano Carlos Fuentes, es “lo real y lo imaginario”. Y los imaginarios se construyen con hechos y sueños, con ladrillos y metáforas. La Puerta del Sol de Madrid, muy a pesar de muchas instituciones, puede ser una fusión del cuento El vago de Pío Baroja, de aquel metafísico holgazán que se apoyaba en una farola, y la foto El beso, que dio la vuelta al mundo durante el 15M. Y esa nueva narrativa-imaginario de la Puerta del Sol – como tantas otras creadas desde el 15M – es casi indestructible.
Por todo ello, creo que la tecnología (internet 3G, teléfonos inteligentes, códigos QR) abre la puerta a una nueva era de narraciones colectivas sobre los espacios físicos. A una nueva era de wikiciudades construidas sobre relatos. Ciudades en las que los ciudadanos transformarán algunos objetos en MacGuffins clave de un relato mayor. Cualquier esquina puede convertirse en un nuevo tótem. Cualquier farola puede ser un símbolo, una señal, un anticipo del futuro soñado.
Y las narraciones serán las articulaciones básicas para esa ciudad relacional de “lugares y redes” de la que habla el antropólogo Michel Agier. Las historias compartidas, en la ciudad fragmentada, deterritorializada, pueden ser una argamasa tan sólida como las relaciones de parentesco. Pueden acabar incluso sustituyéndolas. Las historias son aquellos hilos que los habitantes de Ersilia, una ciudad invisible inventada por Italo Calvino, colocaban entre las casas de la urbe. Los hilos eran blancos o negros o grises o blanquinegros dependiendo de las relaciones de parentesco, intercambio, autoridad o representación. Cuando los hilos eran tantos que ya no se podía pasar por en medio, contaba Calvino, los habitantes se marchaban: las casas se desmontaban. Apenas quedaban los hilos. Y luego construían en otro lugar una nueva ciudad imitando la telaraña de relaciones.
Las historias colectivas son los nuevos hilos. Las lianas compartidas que quiebran muros, fronteras invisibles, segregaciones étnicas. Da igual el color que tengan estas viejas-nuevas historias, porque son narraciones colectivas, compartidas. Pero en lugar de molestar los tránsitos, las narraciones-hilos conforman el esqueleto, la columna vertebral, las extremidades y el corazón de las ciudades del procomún. Por eso es importante construir relatos —como sugiere el colectivo de escritores italiano Wu Ming— como si fueran espacios para ser habitados. Por eso hay que construir calles o plazas como si fueran narraciones colectivas, como si fueran párrafos insustituibles de un imaginario superior que da sentido a la nada.
El pasado miércoles 1 de febrero tuvo lugar en Medialab-Prado la primera sesión general del año de los grupos de trabajo 2011/12 del Laboratorio del procomún, estructurada en torno al tema de ciudad y procomún, que da nombre al nuevo grupo coordinado por Juan Freire. En esta sesión participaron también Antonio Lafuente, Joan Subirats y Beatriz García, además de un gran número de asistentes que se unieron al debate.
Con esta sesión el grupo de Ciudad y procomún comienza oficialmente su andadura, abierto a la participación de cualquier persona o colectivo interesado. De acuerdo con el texto de presentación:
El objetivo de este grupo es desarrollar un programa continuo de trabajo que sirva de espacio de encuentro tanto a las acciones de otros programas de Medialab-Prado (como Visualizar o Interactivos?) donde se realizan actividades relacionadas con la ciudad, como a los numerosos colectivos que en Madrid y otros lugares trabajan de forma activa sobre el espacio público, la tecnología y la participación ciudadana. Un objetivo complementario es impulsar proyectos nuevos que complementen a los ya en marcha y que se construyan a partir de la interacción de las diferentes disciplinas y sensibilidades de los participantes en el grupo.
Pretendemos crear un espacio de encuentro para desarrollar proyectos y pensar alrededor de la confluencia de ciudad, tecnología y gobernanza. Hemos identificado inicialmente, y solo como inicio del diseño del propio grupo, tres grandes ámbitos de actividad: infraestructuras (mapas, sensores, infro-estructuras …); ámbitos de la vida urbana (alimentación, movilidad, espacio público, energía …); y teoría (participación, gobernanza, narrativas, espacio público).
A continuación os dejamos la grabación de la sesión, que fue retransmitida en directo:
Se pueden ver los documentos asociados a la presentación y escuchar el audio en la página de Medialab.
Próximos eventos relacionados con este grupo de trabajo:
De nuevo viernes, día de #followfriday por twitter, y un buen momento para conocer gente o ideas nuevas antes de cerrar otra semana de trabajo. Seguimos con nuestra serie de recomendaciones #followweb (anteriormente #followarch #web) esta vez con una página de referencia en lo que a cultura abierta se refiere: shareable.net
Shareable hace honor a su nombre: compartible. La web aglutina todo lo relacionado con la cultura de lo compartido en cualquier ámbito y contexto imaginable: compartir ideas, compartir objetos, compartir diseños, compartir espacios de trabajo y el trabajo mismo, compartir recursos, compartir actividades, compartir el dinero, compartir experiencias, compartir conocimientos, métodos y recetas, compartir objetivos, compartir espacios públicos, compartir invenciones, compartir esfuerzos, compartir todo lo compartible, que resulta ser casi todo.
Shareable es una web que destila calidad: excelentemente diseñada y organizada, limpia, fácilmente legible y navegable, y por encima de todo eso, con un contenido potente, bien trabajado y seleccionado, que garantiza que cada visita o cada boletín, cada rato de lectura casi sin excepción nos abrirá la mente a nuevas posibilidades de la cultura abierta.
Una página llena de optimismo y creatividad, de las que hay que seguir para darse cuenta de todo lo bueno que está sucediendo y que otros medios no nos cuentan. Sólo echamos en falta una web similar (en enfoque y calidad) en español, así que si alguien la conoce, agradeceremos mucho que la comparta.
¿Puede un espacio físico emular las condiciones que propician el intercambio y la interacción que se produce entre los usuarios de la Red?
Gran Vía Procomún es un proyecto que caracteriza la Gran Vía como un paisaje cultural identificable con los innovadores procesos de auto-organización e intercambio generados en internet. Un paisaje común y compartido, donde cada ciudadano pueda replicar las infinitas iniciativas presentes en la red, partiendo esta vez desde el soporte físico.
¿Que pasaría si cada usuario de la Gran Vía fuera un potencial activador de procesos y dinámicas de creación colectiva? ¿Que pasaría si la Gran Vía volviese a ser un espacio urbano donde vivir una experiencia de ciudadanía única?
Gran Vía Procomún se entiende desde la intersección de los conceptos básicos que activan, por un lado, el mundo digital de Internet y por otro el Espacio Físico que es la ciudad.
Hemos imaginado diferentes situaciones en las que la hibridación fisico-digital aporte un valor añadido importante.
[Sincronización-Interacción] + [Identidad]
Gran Vía Procomún cuenta con un “Sistema Operativo Urbano” activo en su área de influencia. El acceso a este espacio como usuario activo, se realiza mediante un check-in digital a través de dispositivos con conexión a internet. La entrada a nuestra identidad digital se nos ofrece al aproximarnos al área de cobertura de la Gran Vía. Este sistema permite visualizar la información relacionada con las identidades digitales de las personas, entidades, actividades y proyectos activos en esta parte de la ciudad. Cada interacción con otros ciudadanos u otras entidades cuenta con una enorme cantidad de información asociada visualizable de forma inmediata y sintética.
[Sincronización-Interacción] + [Sensorial]
Gran Vía Procomún está dotada de un “mobiliario urbano activado”, asociado a un software de conexión (Sistema Operativo Urbano), que permite la interacción continua con los ciudadanos: soportes digitales y sensores distribuidos construyen una infraestructura que funciona como base para crear nuevos espacios de oportunidad. Estos espacios funcionan sin sugerir (o imponer) ningún código de uso específico, dejando total libertad a las “propuestas” y usos particulares de los ciudadanos. Cada elemento está diseñado para que sea de fácil legibilidad, favoreciendo el proceso de apropiación por parte de los usuarios. La creatividad y el uso personalizado se fomentan favoreciendo cualquier dinámica de reutilización, reciclaje y transformación de lo existente.
[Economia] + [Dialéctica-Creatividad]
Gran Vía Procomún genera las condiciones para que el espacio público vuelva a ser un espacio de “creación” además de un espacio de consumo. Para favorecer este carácter, los procesos de creación colectiva, por defecto, están totalmente abiertos a nuevas aportaciones y colaboraciones, aprovechando así todo el potencial de la inteligencia colectiva.
A imagen de los sistemas auto-organizados de las comunidades de desarrollo de software libre, toda creación colectiva debe permitir, a cualquier persona, total libertad de uso. Libertad para ser adaptada a otras necesidades, libertad para ser difundida, libertad para evolucionar y hacer públicas las mejoras.
En Gran Vía Procomún toda producción individual o colectiva se acogerá a licencias “Creative Commons”.
[Auto-organización] + [Complejidad]
Gran Vía Procomún detecta y coloniza espacios de oportunidad en su área de influencia que son puestos a disposición de los usuarios. Estos espacios pueden tener distinto carácter: Inmuebles temporalmente en desuso, cesiones ocasionales de espacios privados y/o comerciales, zonas de propiedad colectiva, etc. Gran Vía Procomún los transforma temporalmente en “espacios públicos equipados” donde los ciudadanos son libres de generar eventos, reuniones, encuentros y todo tipo de actividades. El equipamiento disponible no está sujeto a ningún código de uso específico.
La gestión para su disponibilidad se puede hacer en internet o desde el área de cobertura del Sistema Operativo. El objetivo es promover dinámicas de auto-organización entre las personas para gestionar los espacios y recursos disponibles.
La identidad de todos los usuarios será accesible en todo momento. Gran Vía Procomún se encarga de los procesos de mantenimiento e identificación, en ningún momento se encarga de “controlar” u organizar, siendo esto responsabilidad de todos.
[Ubicuidad] + [Polivalencia]
Gracias a los dispositivos digitales y telemáticos distribuidos a lo largo de la Gran Vía, a la agilidad y la cercanía con las que se ofrecen los servicios de apoyo y gestión, Gran Vía Procomún consigue generar una hibridación físico-digital intensa. Este fenómeno provoca la diversidad y complejidad necesaria para catalizar situaciones de creatividad colectiva, ofreciendo a cada usuario vivir una experiencia urbana “aumentada”, donde las condiciones que propician el intercambio y la interacción que se produce entre los usuarios de la Red se trasladan al espacio físico.
[Transparencia] + [Democrático]
Gran Vía Procomún funciona como un Observatorio Metropolitano. Ofrece apoyo y asesoramiento a todo tipo de proyectos sociales locales. Centraliza y procesa mucha información sobre las actividades organizadas por los ciudadanos y consigue detectar similitudes y sinergias entre diferentes proyectos, además de darles difusión.
Ofrece apoyo logístico a proyectos seleccionados a través de un filtro social, con un ranking basado en el número de voluntarios que consigue cada uno de ellos. Esta dinámica, disminuye el trabajo de gestión sin que por ello disminuya la calidad de las propuestas. Para conseguir voluntarios, los proyectos precisan estar bien estructurados, planteados y difundidos como para lograr sumar a un buen numero de voluntarios.
Durante el fin de semana la Gran Vía se cierra al trafico rodado y se permite a los ciudadanos usar toda la calzada para cualquier tipo de actividad sin necesidad de autorización expresa. La eliminación de los trámites burocráticos crea una situación típica de la “economía de la abundancia”, donde la multiplicación de “eventos” aumenta las probabilidades de que se produzcan ideas y proyectos innovadores.
La abundancia de público (potenciales colaboradores) que se concentra durante el fin de semana anima a poner en marcha todo tipo de proyectos sin ningún apoyo institucional. Los proyectos más innovadores, consiguen atraer la atención de más personas y pueden conseguir la masa crítica de colaboradores suficiente que los convierta en proyectos viables. En ese momento, entra en juego Gran Vía Procomún que ofrece apoyo logístico y asesoramiento.
[Sincronización-Interacción] + [Público-Lúdico]
Las infraestructuras y el mobiliario urbano de la Gran Vía están sincronizadas con el Sistema Operativo Urbano con el objetivo de aumentar las probabilidades de serendipias. Cuando el usuario realiza el check-in digital tiene acceso a la información adaptada a su persona, a su red de contactos y a las actividades en las que ha participado recientemente. El Sistema Operativo Urbano analiza la información asociada a la identidad digital de los usuarios y es capaz de definir posibles encuentros positivos, lugares interesantes por descubrir y los proyectos afines de entre los que se activan todos los días en la Gran Vía.
El algoritmo que controla la distribución de esta información funciona en dos niveles: directo e indirecto. Con el directo, ofrece información sobre lo que está sucediendo en la Gran Vía y marca el nivel de afinidad con el usuario. Con el indirecto, analiza los movimientos del usuario y le sugiere actividades con el objetivo de conducirle hacia un descubrimiento inesperado de un alto nivel de afinidad (serendepia).
[Minorías] + [Complejidad]
El Sistema Operativo Urbano analiza los patrones de comportamiento de todos los ciudadanos, que al entrar a la Gran Vía hacen su check-in digital. Ordenando los datos asociados a las identidades digitales, con los movimientos y las actividades que las personas realizan en la Gran Vía, el sistema es capaz de crear miles de grupos (minorías) caracterizados por un determinado comportamiento afín. Esta herramienta digital permite sugerir las actividades, las personas y los lugares más acordes con los intereses de cada usuario. Gracias a esta dinámica, la curva de complejidad y de oportunidades ofrecidas por la Gran Vía crece exponencialmente.
Gran Vía Procomún, favorece las dinámicas que impiden que esta parte de la ciudad se vuelva un centro urbano “estandarizado”, a imagen de todos los entornos urbanos de las ciudades contemporáneas. Aquí las actividades, incluso las comerciales, pueden diferenciar su oferta al contar con un soporte tecnológico que permite a cada persona (minoría) encontrar algo con lo que identificarse.
Gran Vía Procomún crea un “círculo virtuoso” que atrae a la gente más diversa, aumentando el gradiente de entropía y haciendo de la Gran Vía un lugar cada vez más atractivo.
Gran Vía Procomún produce un innovador laboratorio de experimentación. Su funcionamiento está basado en muy pocas reglas, con el fin de permitir una constante transformación de su esencia acorde con la voluntad de sus propios usuarios. Con el tiempo, la entidad se irá definiendo y reforzando siguiendo las direcciones indicadas por la actividad generada y los proyectos que a lo largo del tiempo se desarrollen desde la ciudadanía.
Gran Vía Procomún, gracias a sus equipamientos físicos y al Sistema Operativo Urbano, permite crear sinergias entre personas y proyectos funcionando como “integrador”. Esta característica se manifiesta impulsando ideas, personas y proyectos desde una posición exclusivamente de coordinación. Todas las mejoras integradas en las versiones sucesivas de Gran Vía Procomún, no surgen de una petición directa desde “arriba”, sino que dependen directamente de las propuestas y los proyectos desarrollados voluntariamente desde abajo. Este modelo de gestión refleja las necesidades y los usos, es rápido, evolutivo y duradero.
[Auto-organización] + [Identidad]
Gran Vía Procomún transforma la Gran Vía en un paisaje cultural en hibridación físico-digital. Una plataforma colectiva para los procesos de auto-organización e intercambio de la Red, que crece desde el soporte sensorial de la ciudad.
Gran Vía Procomún / Día
Gran Vía Procomún / Noche
Gran Vía Procomún / Fin de semana
Este proyecto se ha desarrollado para la exposición “Laboratorio Gran Vía” de la Fundación Telefónica.
Nos estamos acostumbrando a ver el espacio público como un lugar de paso, como el camino que une dos puntos. La calle no es ya un lugar para estar, es un lugar por el cual pasamos mientras vamos de un sitio a otro. Esto es más patente en las grandes ciudades. Las plazas y los parques se están convirtiendo en fríos y duros lugares de paso. Se puede ver en la Puerta del Sol, por ejemplo o en la Plaza de Callao. El espacio común es un intermediario, ahora entre la casa y el trabajo, entre el instituto y el centro comercial…
Los ámbitos de comunidad son comunales, de propiedad colectiva, y tienen un régimen de enajenación y explotación especial. Ivan Illich estudió los ámbitos de comunidad en las sociedad antiguas. Los define como “esas partes del entorno a las cuales el derecho consuetudinario imponía formas particulares de respeto comunitario. Se trataba, para los aldeanos, de esas partes del entorno que no les pertenecían, pero sobre las que tenían un derecho de uso reconocido, no para producir bienes mercantiles sino para asegurar la subsistencia de su familia.” De esta forma todo lo que no era propiedad de alguien era un ámbito de comunidad. Esto no es exactamente un espacio público, no se puede comparar el régimen jurídico de uno y otro, pero esto no es lo más importante, lo más importante es la función de estos ámbitos de comunidad.
Convocatoria abierta para formar parte de los grupos de trabajo del Laboratorio del Procomún que se dedicarán a debatir periódicamente los distintos temas planteados de cara a esta segunda etapa. Cierre de la convocatoria: 18 noviembre.