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15 metros no son nada. Un abismo.

Category: espacio público+LCV+⚐ ES

15 metros no son nada - ilustración por Jaime Eizaguirre

Imaginemos una playa en la Costa Blanca. Una playa que tuvo un pasado de esplendor con sus sistemas de dunas y rocas en los extremos. El sutil arco de la playa conoció tiempos mejores y hoy sujeta a una docena larga de edificios de entre 15 y 20 plantas encajados perpendicularmente. La temporada alta arranca y a principios de junio todavía se puede plantar la sombrilla sin trepanar un cráneo enrojecido o un pie cubierto de aftersun. En la playa sobre todo hay extranjeros. Entre ellos hay una infinita gama de matices y orígenes. Hay un público tradicional alemán, francés o italiano con algunos nativos infiltrados, pero mas bien pocos. También hay turistas del este de Europa, sobre todo rusos. Esto es lo que predomina en ese arco de la playa que jalonado por un paseo marítimo la separa de las construcciones y las tiendas y restaurantes.

El paseo, de alguna manera, es un no-lugar entre la contundencia de la playa y su arena ardiente. Es también la vaga promesa de una sombra y un aliento de refresco en los bares, terrazas y restaurantes de diversa naturaleza e intención. También hay algunos negocios, no por idénticos más atractivos, donde se vende todo –absolutamente todo– lo que puede necesitar un mortal en el acto playero.

15 metros no son nada - ilustración por Jaime Eizaguirre

Este arco enlosado con conjuntos de palmeras y las rampas que suben desde la playa son también un lugar de negocio invisible para el que no mira. En el paseo comienza el rango de la suerte o la miseria. A lo largo del paseo se establecen efímeros comercios amparados no tanto a la sombra de una palmera sino mas bien fuera del alcance de la autoridad. Vendedores de gafas de origen subsahariano, que han traído o encontrado aquí una familia ya hecha o por hacer. A veces las mujeres hacen trencitas afro a jovencitas casi albinas a punto de estallar de insolación. Un hombre vende gafas a la sombra de una palmera y al lado una mujer con niña habla con él de sus cosas.

Un poco mas allá una mujer china ofrece masajes milenarios con la ayuda de un mapa del cuerpo humano con indicaciones indescifrables. Cerca, grupos de alemanes, generalmente hombres de mediana edad y gesto de vacación acuden como polillas a la llamada de un trilero rumano y sus compinches que les embaucan y les gana buenas cantidades de Euros ante el estupor indestructible del que creía, por enésima vez, que la sagacidad –y la suerte– están siempre de su parte.
El paseo marítimo esta habitado por todos ellos que buscan el negocio entre los cientos de turistas que deambulan por él durante la mañana y parte de la tarde. Tienden sus artes de pesca esperando capturar un cliente que por un precio irrisorio cierre una transacción o sea engañado a su antojo. La mayoría de ellos no tienen apenas recursos. Son nómadas que plantan su genero a la vista, pero discretos, a la espera del turista ingenuo y evitando al comerciante del paseo y a su insidiosa tendencia a contárselo a la policía local que a veces hace cansino acto de presencia. Carreras o amagos de carreras como las palomas cuando escapan del neumático inminente.

15 metros no son nada - ilustración por Jaime Eizaguirre

A penas un metro mas allá en la vera del paseo, justo antes de arrancar las torres en su esplendor de pasadas décadas, hay una línea de negocios de playa. En ellos la mayoría del personal es diferente, gozan de un empleo y de papeles y muchos denotan ya años de estancia. Son camareros, mozos, cocineras, limpiadoras que atienden a turistas blancos que reviven la alucinación diaria de estar en una terraza bajo el sol tomando una cerveza meditando sobre las diferencias climáticas con el lugar de origen. Se ven tatuajes en brazos raídos, jovencitas que viajan en familia, y salen por la noche quizá por primera vez, obesos de cabeza rapada y gesto dominante, entre otras estéticas.
Los trabajadores son en su mayoría latinos o europeos del este, son casi siempre mujeres que hacen sus faenas bajo la atenta mirada de un encargado o un jefe local.

En esos pocos metros del ancho del paseo conviven vidas antipódicas que resultan inverosímiles para unos y otros. Estos espacios públicos diseñados sin mas afán que la explotación comercial y reinventados en los últimos años sin mucha mas fortuna, son auténticos flujos de personas estratosféricas entre si. La franja del paseo y las torres que le dan sombra por la tarde desde poniente, son un yacimiento de recursos para los empresarios locales. Un filón donde se concentra la actividad, de baja intensidad pero rentable por ser numerosa. En ocasiones se producen quejas. Los negros no pagan impuestos ni venden productos homologados y compiten de manera agresiva con las tiendas, dicen. Abordan a las clientas sobre todo de mediana edad que les rechazan después de hacerse de rogar sin dejar de valorar sus cuerpos esculturales y preguntarse como lo harán viviendo como viven. Esto y poco mas –el trile y el carterista, motivan a menudo la tensión con los comerciantes locales que se lamentan de la falta de seguridad de la playa, de la amenaza que se cierne sobre sus intereses y la inminente ruina de un negocio basado en precios cada vez mas bajos que atrae a un turismo poco exigente y cada vez de calidad mas baja. La falta de seguridad percibida como causa permanente del declive del modelo a menudo impide reflexionar sobre las causas mas profundas del mismo.

15 metros no son nada - ilustración por Jaime Eizaguirre

El espacio es simultáneamente consumido por turistas y visitantes y usado por residentes y trabajadores. La cartografía de este espacio, que es urbano sin estar propiamente en una ciudad, se plantea como una sucesión de estratos o capas donde conviven diversas lógicas de uso y de consumo en muy poco espacio físico. Esto hace que las percepciones e interacciones entre los distintos grupos que conviven varíen de forma radical según el propósito del uso y consumo que se vaya a hacer del espacio. Muchas de estas interacciones se articulan entre si de manera simbiótica o conflictiva. Otras son simplemente inexistentes entre unos y otros.
Los espacios en conflicto, tangibles –el paseo marítimo, por ejemplo- o los intangibles –la competencia comercial- se manifiesta de forma caleidoscópica entre los distintos actores, que participan de la economía formal e informal, si bien en una relación asimétrica entre unos y otros. En el caso de los actores de la economía informal, la competencia por el espacio y los potenciales clientes genera, así mismo, un conflicto menos visible al público pero igualmente intenso, donde se agrupan intereses individuales y colectivos articulados sobre las redes de origen étnico, las organizaciones que controlan a parte de los vendedores y proveedores de servicios y las tensiones entre unos y otros.
Por otro lado, la dimensión tiempo en el paseo marítimo se articula sobre parámetros diferentes a los de un entorno urbano “normal”. Es la estacionalidad y sus fases las que determinan las pautas de apropiación y uso y por lo tanto las dinámicas de transformación del espacio público (o semipúblico) en lugar. Asumiendo que la dimensión de lugar se adquiere mediante los usos sociales y la generación de identidades sobre significados resulta relevante entender la superposición de varios planos sociales o espaciales desde este punto de vista. El proceso de construcción social del lugar varia en estos entornos turísticos enormemente entre los distintos grupos. Para comerciantes y propietarios, muchos de ellos locales, otros foráneos, pero con cierto arraigo, existen unos significados que se construyen sobre la “historia” del lugar, su transformación y evolución en el tiempo, incluso su vinculación con el entorno urbano y rural inmediato, o sectorial.

Por otro lado, para los actores que tienen usos mas efímeros del espacio, sea por su condición de turistas, sea por su condición de trabajadores, generalmente en la economía informal, la gestión de la relación con el espacio público es muy distinta. Los turistas han de hacerlo con unas constricciones temporales muy limitadas, si bien la relación con el espacio, o con el ideal que representa dicho espacio, hace que sea fácil construir, y apropiarse de significados que facilitan la “lugarización” de dicho espacio. Dicho de otro modo, este tipo de espacios no se consumen tanto por si mismo, sino por lo que representa como lugar abstracto de consumo del concepto de “sol y playa”. No obstante para los turistas, algunos incluso transformados en residentes o en visitantes reincidentes estos procesos se consolidan con temporalidades mas extensas y una relación con el espacio mas estable y reconocible a la hora de construir conjuntos de significados y vincularlos a una experiencia vital prolongada.
Por otro lado, desde los otros planos socio-estratigráficos que mencionamos, como por ejemplo los vendedores ambulantes, la temporalidad es también crítica a la hora de gestionar la relación del individuo con el espacio. Dicha temporalidad estará marcada por la incertidumbre de una situación jurídica, por la fragilidad de una actividad económica dependiente de factores como la presión de la policía, de los comerciantes, de la competencia de otros vendedores o proveedores de servicios informales entre otros. A todo ello se une la estacionalidad y los ciclos de hibernación y restablecimiento de la actividad turística, y su dependencia de factores exógenos impredecibles: avatares políticos en los propios países o las catástrofes naturales y financieras.

Todo esto hace de la playa y su paseo, para el conjunto de todos ellos, visibles e invisibles, un ecosistema funcional donde ocio y esfuerzo, placer e incertidumbre, poder y subordinación se cruzan en los quince metros del ancho del paseo marítimo, que no son nada.

 

Texto por Andrés Walliser (@AndresWalliser) e ilustración por Jaime Eizaguirre (@eiza) para Ecosistema Urbano (@ecosistema), publicados previamente en La Ciudad Viva (@laciudadviva).

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Píldoras para el miedo

Category: espacio público+LCV+urban social design+⚐ ES

Durante las pasadas semanas, en Madrid se ha discutido sobre la regulación de la música callejera. La propuesta de ley, impulsada por la Delegación de Medioambiente y respaldada por un buen número de asociaciones vecinales, se dirigía a la disminución de las molestias generadas por una de las más tradicionales prácticas de libre expresión urbanas.

Podemos considerar el episodio como otra manifestación de una tendencia de las ciudades a la “planificación total” de las actividades y los usos: la socialización tiene lugar en bares, el deporte en polideportivos, el ocio dominguero en parques etcétera.

Los espacios de vida se especializan hasta ser monotemáticos, y a raíz de esto la calle se queda afuera.

Manuel Delgado constata:

“[…] Se entiende que dentro [de los edificios N.d.A.] rigen principios de convivencia basados en un pacto de franqueza y previsibilidad. En la instancia social estructurada que ese dentro suele albergar se registran relaciones estabilizadas, como las que vinculan entre sí, por ejemplo, al empleado con su jefe o, en el máximo nivel de privacidad interpersonal, al marido con su esposa. Dentro, tras las puertas y las paredes construidas, bajo techo, se encuentran las sedes de las diferente instituciones primarias, en cuyo seno uno reconoce y ve reconocido su puesto en un organigrama de puntos más bien fijos.[…]

En cambio, el afuera se asocia al espacio no construido y, por tanto, no habitable, vasta comarca en que tienen sede formas de organización social inestables. la calle y la plaza son los afueras por excelencia, donde, al aire libre, tiene lugar una actividad poco anclada, en la que la casualidad y la indeterminación juegan un papel importante. […]

El adentro tiene límites, por el contrario, el afuera es paisaje ilimitado en que no vive apenas nadie y por el que lo único que cabe hacer es deslizarse.”

En un avanzado proceso de expoliación de las funciones sociales del espacio público y de transformación del afuera en lo que Bauman define como espacio émico o fágico los bancos y los asientos son el primer obstáculo. Se oponen al tránsito, favorecen el encuentro, se usan para el reposo y el ocio.

Citando a Steven Flusty, Bauman afirma que la ciudad contemporánea usa medios arquitectónicos que son versiones técnicamente actualizadas de las murallas y las torres medievales, necesarios para defender unos ciudadanos de otros a los que se atribuye el estatus de enemigos.

Flusty evidencia tipologías que nos deberían resultar familiares: el espacio erizado, defendido por elementos que impiden sentarse y que no puede ocuparse cómodamente, o el espacio nervioso, que no se puede usar sin ser observados por organismos de control.

Estos medios vacían gradualmente el espacio público de su sentido más profundo, bajo un pacto social que, en muchas ocasiones, es compartido por los ciudadanos.

Sin embargo la sociedad necesita habitar el afuera.

Según Rebecca Solnit sólo los ciudadanos que tienen familiaridad con su ciudad como territorio práctico pueden ser capaces de ejercer un verdadero control social. Cuando se limita el derecho de reunirse quitando los bancos de una plaza, fomentando el uso del coche o con una ley antibotellón, en realidad se está eliminando el público mismo: el individuo deja de ser un ciudadano capaz de actuar en comunidad.

En este espacio vaciado de usos sociales queda la paranoia urbana basada en el miedo a las diferencias, y sobre todo al ejercicio de las diferencias, cuyos protagonistas son marginales, extranjeros e individuos peligrosos en general.

Por otro lado, queda la sumisión total del espacio público al hiperconsumo, que como afirma Carlos Taibo es antes un indicador de malestar que una fuente de felicidad.

Banco Guerrilla

En el 2008, en Valparaíso (Chile) en la vigilia de una importante manifestación, todo el mobiliario del centro de la ciudad fue desinstalado para que no fuese usado como arma o para formar barricadas.

En nuestras ciudades también los bancos pueden ser hoy las trincheras en las que se combate la guerrilla entre un espacio cuyos usos son totalmente planificados y la libre determinación por parte de los usuarios. El mobiliario urbano es la primera interfaz para el sistema operativo urbano, la herramienta material para el ejercicio de la ciudadanía en todos sus sentidos.

De estas premisas se desarrolla el proyecto “Banco Guerrilla” del colectivo Todo por la Praxis:

“Este proyecto reflexiona sobre la importancia del mobiliario como articulador de dinámicas sociales más allá de las puramente consumistas. Por lo que se plantea una metodología de working progress, donde haya espacio de experimentación y reflexión.

El punto de partida será el trabajo desarrollado en talleres que se desarrollen en diferentes solares de Madrid, este contexto nos permite establecer unas condiciones abiertas para la experimentación tanto en lo formal como lo constructivo.

Una de las condiciones auto-impuestas es tener como premisa una ejecución de bajo coste y de fácil montaje. Se plantea la realización de bancos como punto de partida que se construyen a través de la reutilización y reciclaje de otros objetos de mobiliario urbano, como señales de trafico , cubos de basura o la utilización de material de andamiaje y obra como bidones de agua etc. Mediante sencillas intervenciones se plantea la transformación de estos elementos en objetos de mobiliario urbano.”

Interviniendo sobre la “interfaz” y las “periféricas” de nuestras plug-in cities, es posible resignificar una metrópolis entera, aunque la ciudad de hoy no sea una cancha abierta donde cualquier jugador puede legitimarse con el trabajo.

Para toda una generación de jóvenes arquitectos, urbanistas, artistas y activistas de vario género, intervenir sobre la estructura de la ciudad global es imposible.

Estos actores, que quieren ser protagonistas del cambio, se mueven en una capa superestructural, jugando un papel de hackers y cambiando, a través de pequeñas intervenciones, el paisaje urbano de forma sutil y paciente.

El espacio público es lugar de trabajo de estos colectivos, la guerrilla y las intervenciones en píldora su metodología, otra ciudad su objetivo.

Texto escrito por Massimiliano Casu para Ecosistema Urbano, y previamente publicado en el blog de La Ciudad Viva - Fotos: Todo por la Praxis

Referencias

Z. Bauman – City Of Fears, City Of Hopes – http://cms.gold.ac.uk/media/city.pdf
R. Solnit – Wanderlust: A History of Walking, Penguin Books, 2001
M. Delgado – Sociedades movedizas, Editorial Anagrama, 2007
Todo por la Praxis – http://www.todoporlapraxis.es/
Blog de Maximiliano Casu – http://50tav3nt0.wordpress.com/

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Espacio público Re-Creativo

Category: creatividad+critical city+LCV+⚐ ES

Hibridación y simbiosis en lugar de segregación de actividades y dinamicas deportivas urbanas, la ciudad como campo de juego…

La mayoría de los espacios urbanos consolidados en nuestras ciudades están marcados claramente por una estructura residencial y terciaria que no permite la entrada de la actividad recreativa de sus propios habitantes. El espacio restante o espacio publico, se estructura jerarquicamente a partir de infraestructuras de movilidad, gracias a ello el urbanita tiende a usar el gimnasio, el polideportivo o el parque de las afueras para mover un poco el cuerpo.

El estilo urban esta de moda y muchos colectivos de individuos apasionados por algún tipo de actividad recreativa reclaman espacios públicos, de los que se apoderan y utilizan como un campo de juego, interactuando con la arquitectura de estos espacios, incluso muchas veces modificando su uso diario. (véase la plaza del Macba, en Barcelona, la cuesta de Moyano, Madrid.)…aunque en muchos casos existen ciertas limitaciones por parte de las políticas urbanas.

Plaça del Àngels, Barcelona

Plaça dels Àngels,,Barcelona

La plaza dels Àngels, también conocida por la “plaza del Macba”, ha sufrido una transformación de uso considerable, a pesar de los intentos de la policía por acabar con los skaters que allí se concentran día a día.

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La Ciudad Viva busca redactores

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La Ciudad Viva

La Ciudad Viva, uno de los blogs en español más interesantes sobre ciudad,  modos de vida y cultura urbana, está buscando corresponsales para colaborar con el aporte de nuevas reflexiones en forma de artículos.

Los corresponsales son todas aquellas personas de cualquier lugar del mundo interesadas en la problemática de las ciudades, su evolución, y en acciones que ayuden a mejorarlas para hacerlas más habitables, y sostenibles social y medioambientalmente.

La convocatoria está abierta a una gran diversidad de perfiles profesionales y contextos de procedencia. Para participar se requiere principalmente algo de experiencia en publicaciones digitales, calidad en la redacción y capacidad de aportar reflexiones y contenidos interesantes en líneas como regeneración urbana, ciudades de código abierto, lenguaje y conocimiento sobre lo urbano, y genéricos para la arquitectura. Se valora también la soltura en el uso de las redes sociales y la existencia de una línea propia de pensamiento sobre estos temas, por ejemplo en un blog propio.

Si te gusta investigar y redactar sobre estas temáticas, te recomendamos que aproveches esta oportunidad para entrar a formar parte de un proyecto cultural muy potente a la vez que das un nuevo impulso a tus propias inquietudes.

Para más información puedes consultar los siguientes enlace:

Post de presentación de la convocatoria

Convocatoria en su página de Facebook

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Los rincones olvidados

Category: arquitectura+⚐ ES

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Existe hoy en día toda una legión de aventureros, buscadores de reliquias arquitectónicas en desuso, que se adentran en las más ruinosas y a la vez increíbles instalaciones para recorrerlas y fotografiarlas. Sus incursiones no pasarían de simple travesura para su propio disfrute, si no fuera por el posterior legado que nos ofrecen a partir de toda la documentación gráfica recabada.

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LA CIUDAD VIVA (concurso audiovisual)

Category: urbanismo+⚐ ES

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La Ciudad Viva
es un proyecto de la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de Andalucía que pretende integrar, e implicar, a ciudadanos de distintos territorios y países en una red que sirva para alimentar de manera permanente una línea de trabajo común: la política territorial y urbana como función pública, al servicio de los ciudadanos, con criterios de sostenibilidad como parámetros básicos y que permitan caminar hacia ciudades más habitables, eficientes y amables.