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Las infraestructuras ciclistas de Copenhague, en una sola imagen

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La aplicación sistemática de un conjunto sencillo de tipologías de infraestructuras ciclistas es uno de los factores que más pueden contribuir a facilitar su comprensión, adopción y correcto uso por parte de los ciudadanos. O al menos ese es el caso de Copenhague, donde las diversas soluciones se han optimizado y uniformizado tanto que pueden resumirse en un solo gráfico:

Guía de infraestructuras ciclista de Copenhagenize

Guía de infraestructuras ciclistas en Copenhague, por copenhagenize.eu

El enfoque de esta ciudad se puede resumir en 4 soluciones tipo, que se aplican a las distintas vías dependiendo de la velocidad del tráfico motorizado que circula por ellas:

  • 10-30 km/h: Espacio compartido para bicicletas y vehículos motorizados, sin separación.
  • 40 km/h: Carriles bici pintados en la calzada.
  • 50-60 km/h: Carriles bici separados de la calzada por un bordillo.
  • 70-130 km/h: Carriles bici completamente segregados por una mediana.

Además, hay un par de criterios básicos para todas ellas:

  • La infraestructura se sitúa a la derecha de la fila de coches aparcados, dejando éstos como barrera entre el carril bici y la calzada.
  • Los carriles bici de dos sentidos se usan sólo cuando están separados de cualquier carretera o calle. Si no, siempre han de usarse carriles bici de un solo sentido.

Como dice Mikael Colville-Andersen, conocido activista, conferenciante y asesor sobre planteamiento urbano para la bicicleta en Copenhagenize.com:

La belleza de la red de infraestructuras ciclistas de Copenhague está en la uniformidad de su diseño.

 

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El “cruce holandés” para carriles bici sigue popularizándose

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Últimamente la cosa va de ciclismo urbano: hace un par de días hacían aparición las primeras bicicletas de biciMAD por la ciudad; aquí en el blog hemos publicado el primer post de la serie #networkedurbanism, que habla de las ideas de los estudiantes del GSD de Harvard sobre bicicletas y ciudad; hace poco más hablábamos en detalle de BikeLine, nuestro proyecto de guía aumentada para los ciclistas urbanos; y hoy hemos encontrado en Internet un artículo que habla de carriles bici.

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El post explica una “nueva” manera de proyectar las intersecciones de las calles para que sean más seguras para los ciclistas, y es interesante por tres razones.

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La ciudad hostil: ángulos y púas contra los ciudadanos

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Pinchos de hormigón en Guangzhou - Imagen via dailymail.co.uk

Pinchos de hormigón colocados donde solían dormir y acampar personas – Imagen via dailymail.co.uk

Últimamente recorre las redes una oleada de noticias dispersas sobre la manera en que, en ciudades de todo el mundo, se están instalando defensas de diversos tipos contra los “sin techo”. Si decir “defensas” y “contra” os parece exagerado, sólo tenéis que echar un vistazo a algunos de los más comentados y polémicos ejemplos. Las imágenes hablan por sí solas.

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GravityLight: Iluminación doméstica renovable… por gravedad

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GravityLight

GravityLight

Una lámpara barata y sostenible que funciona gracias a un peso, como un reloj de péndulo de los de antes, convirtiendo fuerza de la gravedad en luz. Esa es la propuesta de deciwatt.org, presentada el año pasado en IndieGoGo para su financiación colectiva.

Componentes de la GravityLight

Componentes de la GravityLight

La lámpara, equipada una luz LEDs de alto rendimiento, funciona gracias a un pequeño generador interno que convierte el lento movimiento de una cinta en electricidad de bajo voltaje.

Uno de los grandes conceptos tras este diseño es el aporte de energía de forma manual, sin requerir más instalaciones, y puntual, sin la necesidad de una acción continuada por parte del usuario. El esfuerzo para mantener el sistema funcionando es más que razonable: con el par de segundos que tardas en subir la pesa, tienes media hora de luz. La transformación de la energía es directa, sin baterías contaminantes que se puedan deteriorar y que haya que sustituir.

La lámpara en pruebas de uso real

La lámpara en pruebas de uso real

El diseño está pensado para hogares con pocos medios, de modo que tiene como premisas principales:

  • Ser asequible. El diseño está pensado para ser muy económico (menos de $5) y la campaña proponía donar la primera remesa de lámparas a familias de África y Asia para que las usaran en condiciones reales.
  • Proporcionar un nivel de iluminación muy básico, similar al de una llama de queroseno, a la que intenta sustituir. Esto permite disminuir los requerimientos técnicos y energéticos del producto.
  • No requerir más energía que la que pueda aportar mecánicamente cualquier persona, evitando el consumo de combustibles e incluso de energías renovables que requieran caras instalaciones con cables, baterías, transformadores, etc.

El diseño incluye unos bornes a los que se pueden conectar un par de lámparas auxiliares para distribuir mejor la luz.

Instalación de la GravityLight y las lámparas auxiliares

Instalación de la GravityLight y las lámparas auxiliares

Como curiosidad, durante el desarrollo han pulido pequeños detalles que convierten una buena idea en algo realmente funcional. Por ejemplo, los sacos de lastre cuelgan de la cinta por un lateral, de forma que apoyen el suelo ligeramente laeados y luego vayan cayendo lentamente de lado. De ese modo la luz no se apaga bruscamente al acabarse la “cuerda” sino que se va desvaneciendo a lo largo de un minuto, dando tiempo a acercarse y volverla a subir.

Lo interesante es que el éxito del proyecto se debe al enfoque de diseño “de mínimos” adoptado por sus creadores: toda la viabilidad económica y técnica de la lámpara es posible porque han sido modestamente prácticos en sus objetivos. La vocación del proyecto no era tener una fuente de luz potente y de alta tecnología funcionando por gravedad, sino tener una luz pequeña y muy asequible que pueda ser adoptada en millones de hogares de todo el mundo.

La GravityLight podría lograr durante las horas nocturnas lo que miles de botellas llenas de agua turbia están ya logrando durante el día en miles de viviendas infrailuminadas del mundo: proporcionar una fuente de luz modesta, barata, sostenible y autónoma.

GravityLight, camapaña en IndieGoGo
Fotos de las pruebas de campo de la GravityLight

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Verano con niños en Madrid | eu:KIDS

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Coincidiendo lo que ya parece que es la llegada del calor, y el muy temido por los padres “final del cole”, os sugerimos varios planes para hacer con niños en Madrid.

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Una guía aumentada para recorrer la ciudad en bicicleta | BikeLine al detalle

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Ir en bici, en un mundo de coches, es para locos o valientes. ¿O no? - Foto por Elvert Barnes

Ir en bici, en un mundo de coches, es para locos o valientes. ¿O no? – Foto por Elvert Barnes – clic para ver original

¿Cómo podemos impulsar el uso de la bicicleta en la ciudad? Esta cuestión se ha abordado de muchas maneras distintas, generalmente desde la mejora de las infraestructuras, la regulación, la seguridad y la educación. Sin embargo, echamos en falta proyectos que, a escala de ciudad, trabajen directamente por hacer el ciclismo urbano más visible y tan atractivo como puede llegar a ser, mostrando la bicicleta como un modo de moverse por la ciudad económico, versátil y flexible, ágil o tranquilo según queramos, con la posibilidad inmediata de parar a hablar con alguien conocido o hacer la compra el comercio local…

La agilidad de la bicicleta: parar a hacer un recado en cualquier punto de tu camino - Foto por acme08 en Flickr

La agilidad de la bicicleta: parar a hacer un recado en cualquier punto de tu camino – Foto por acme08 – clic para ver original

En ese sentido, el factor cool que la bicicleta está adquiriendo últimamente está ayudando, más que muchos planes de movilidad, a sacarla del nicho del activismo y normalizarla a nivel cultural, como parte de un estilo de vida.

Sin embargo, ¿se puede hacer algo más? ¿Podemos aunar todos esos esfuerzos bajo una propuesta integradora y llegar un poco más allá?

Mejorado la “experiencia de usuario”

Recuerdo mi primera y alocada incursión en bicicleta al centro de Madrid. Tras diez años pedaleando a diario por una ciudad como Alicante, más pequeña pero casi igual de salvaje en cuanto a tráfico, me sentía más que preparado para ello. Dado mi escaso conocimiento de la ciudad, y con el fin de evitar perderme demasiado, decidí seguir las calles conocidas, que venían a ser las que cualquier turista conoce, o las que destacan más sobre el plano.

Así fue como me encontré pedaleando, a todo lo que me daban las piernas, por el carril central de la Gran Vía, cuesta arriba, en hora punta, con taxis y autobuses rugiendo por la derecha y el resto de coches presionándome por todos lados. Ni que decir tiene que me batí en retirada por el tercer paso de cebra con el que me crucé, y en adelante me pensé mejor la ruta a seguir. No quería repetir aquel error, pero tenía por delante una pregunta por responder: ¿Cómo se mueve uno por esta ciudad?

Disculpe, ¿cómo... ? - Foto por Marc van Woudenberg

Disculpe, ¿cómo… ? – foto por Marc van Woudenberg – clic para ver original

Da igual que tengas años de experiencia sobre dos ruedas o que te acabes de lanzar, animado por alguna de las muchas bondades de la bici urbana: cada ciudad desconocida supone comenzar de nuevo. Todas se diferencian por el tipo de tráfico, su configuración, su orografía o su cultura.

Sin embargo, por distintas que sean, todas las ciudades tienen algo en común, y es que según cómo las recorras, pueden convertirse en una pesadilla o en un placentero paseo. De nuevo, la pregunta: ¿Cómo se mueve uno por esta ciudad?

El problema de las rutas ciclistas

La primera respuesta es evidente: siguiendo rutas ciclistas, generalmente compuestas por una combinación más o menos inconexa de carriles bici, ciclocalles y otras soluciones. Sin embargo, esas rutas pueden ser escasas y difíciles de hallar, e incluso el encuentro con una de ellas es una experiencia confusa. ¿Cómo sabes si te va a llevar a donde tú quieres? ¿Y si tiene puntos peligrosos o discontinuidades? ¿Es una ruta realmente pensada para vivir la ciudad desde la bici o un apaño que no me va a ayudar nada?

El terror del ciclista urbano: carril bici a ninguna parte - foto por José María Mateo

El terror del ciclista urbano: carril bici a ninguna parte – foto por José María Mateo – clic para ver original

El problema, algo menor, de los planos

La segunda respuesta es igual de obvia y complementa a la anterior: usando un plano y buscando tu propia ruta. En mi caso, la cosa comenzó a aclararse cuando descubrí el Plano de Calles Tranquilas de Madrid. Un día decidí seguir sus líneas y me encontré atravesando de punta a punta una ciudad que no parecía la misma: tranquila, con poco tráfico y con ambiente de barrio.

Sin embargo, consultar un plano sigue siendo engorroso, y mucho menos cómodo que simplemente seguir una ruta adecuadamente señalizada por la ciudad. Tienes que memorizarlo y pararte a consultarlo cuando te olvidas. En el mejor de los casos, lo puedes llevar en el móvil y seguir tu ruta con ayuda del GPS. Aun entonces, lo que pone en el plano y lo que ves en la calle son cosas distintas. Hay rutas digitales que no están señalizadas en la calle, o viceversa.

Además, suelen ser planos meramente circulatorios, que omiten toda actividad cultural, social o comercial de la ciudad. Sin embargo, la experiencia de ir en bicicleta es algo completamente distinto: su velocidad y maniobrabilidad hacen que sea idónea, no sólo para ir de A a B, sino para hacerlo pasando por C, F, J y X, descubriendo todo lo que la ciudad tiene que ofrecer y disfrutándolo en cualquier punto del camino.

Así pues, construyendo sobre estos antecedentes: ¿cómo podríamos mejorar la experiencia de ir en bici por la ciudad?

BikeLine, una solución posible

¿Y si combináramos lo mejor de las rutas señalizadas y de los planos, conectando claramente las guías físicas y las digitales? BikeLine fue concebida precisamente con esa idea en mente: combinar rutas físicas, fáciles de ver y seguir, con información digital sobre su procedencia, destino, estado o actividad cercana. Apoyarnos en la claridad y obviedad de unas señales pintadas en el suelo, y en el potencial informativo e interactivo del contenido de una pantalla.

bikeline - imagen de concepto

BikeLine: recreación conceptual

Intentamos imaginar una nueva forma de ayudar a los ciudadanos que usan la bici a sacar partido de sus ciudades. Las “líneas bici aumentadas” son pistas visuales continuas, simples y llamativas que guían al ciclista a lo largo de itinerarios seguros e interesantes. Su presencia y diseño anuncian, además, que existe otra capa de información en la que se desarrolla su auténtico potencial: una aplicación móvil que detecta la línea que estás siguiendo y muestra una “línea digital” equivalente que añade información relevante, actualizada y especialmente pensada para el que va en bicicleta.

BikeLine: esquema de concepto

BikeLine: esquema de concepto

De ese modo, la ciudad puede proporcionar respuestas rápidas a las dudas más comunes de un ciclista urbano:

— ¿Cómo puedo llegar de forma fácil y segura a… ?
— Y ahora, ¿por dónde sigo?
— Genial, he encontrado un carril bici, pero… ¿a dónde lleva?
— ¿Encontraré un buen sitio para aparcar la bici?
— Oh, no, un pinchazo… ¿Dónde puedo encontrar un taller de bicis?

El sistema está pensado para ayudar a descubrir el entorno urbano desde la bici, poniendo en el manillar todo un nuevo campo de posibilidades de interacción con actividades culturales, comercios locales y otros ciclistas, permitiendo, no sólo conocer, sino también disfrutar del camino a través de la ciudad.

Os contamos cómo imaginamos que podría funcionar, apoyándonos en el primer diseño que hicimos, premiado el pasado año en el concurso Get a Bike de Oslo, y cuya viabilidad esperamos poder ir comprobando y desarrollando.

Las líneas físicas

Existen bastantes aplicaciones móviles para seguir rutas por la ciudad. Lo que no hemos visto son señales que avisen de que esas rutas, o esas aplicaciones, existen. Señales que al ser claramente visibles para cualquiera, atraigan la atención, diciendo “aquí hay algo que puede ayudarte” o “cuidado, por esta ruta van ciclistas” o “¿por qué no te animas a descubrir tu ciudad desde la bici?”.

¿Por qué usar una línea? Una la línea es una forma rotundamente reconocible de señalizar una ruta. Da igual que esa ruta pase por un carril bici, por un espacio compartido con peatones o por un carril de la calzada, o que cambie de uno a otro. La línea puede girar, bajar o subir, cambiar de pavimento o de carril y seguir expresando una idea de continuidad a través de la ciudad.

La línea como guía en diferentes situaciones

La línea como guía en diferentes situaciones

Una línea puede cambiar de grosor, de color, y volverse discontinua o punteada para indicar seguridad, atención, preferencia, peligro, proximidad de un cruce, variación de la velocidad…

Color, tipo de trazo y grosor como indicadores superpuestos

Color, tipo de trazo y grosor como indicadores superpuestos

Una línea, además, es más económica de pintar y mantener que dos, o que una franja más ancha. Puede cualificar una vía sin ocuparla del todo, y sin suponer un cambio de pavimento.

Las líneas digitales

Las “líneas digitales” se visualizan a través de la aplicación móvil, en sincronía con las del suelo. Ponen servicios e información específica a disposición del que se mueve en bicicleta, suponiendo a la vez una ayuda y un aliciente para animarse a pedalear. Anuncian la presencia de talleres, de lugares donde aparcar, de comercios locales con ofertas especiales para ciclistas, de espacios de descanso, de equipamientos culturales…

El usuario puede revisar las líneas en parado, visualizándolas en un mapa de la ciudad o recorriéndolas para ver en detalle su contenido. Una vez en marcha, la aplicación detecta la línea que se está siguiendo y va proporcionando información de forma sintética, mostrando en la pantalla gráficos fácilmente reconocibles cuando hay información complementaria que mostrar y eventualmente ayudándose de sonidos para avisar sin distraer más de lo necesario la mirada del ciclista.

Líneas digitales sobre las físicas

Líneas digitales sobre las físicas – clic para ampliar

Su conexión con la actividad local, incluyendo la comercial, hace que el sistema tenga un gran potencial para integrar iniciativas ciudadanas u oficiales, públicas o privadas, individuales o colectivas, haciendo que esas simples líneas trazadas sobre la ciudad puedan convertirse en ejes de revitalización urbana a una escala más humana: la escala de la bicicleta. Abre interesantes posibilidades de uso, financiación y colaboración entre agentes no necesariamente relacionados con la movilidad pero sí con un modo de vida urbano en el que la bicicleta puede jugar un papel importante.

¿Realmente tenemos que seguir una línea?

Nos hemos hecho esa pregunta bastantes veces. La respuesta es sí… o no. Lo más hermoso de la bicicleta es que te permite salirte de la ruta, cambiar bruscamente de planes, improvisar, explorar. Y no podemos renunciar a eso.

Las rutas que imaginamos no serían exclusivas ni obligatorias. Tampoco serían inmutables. Un recorrido pintado puede renovarse, o perderse por el desgaste y aparecer en otra ubicación. Podrían ser incluso temporales, pensadas para desaparecer al cabo de un tiempo. El propio uso que los ciudadanos hicieran de cada ruta, recogido a través de la aplicación o de otros canales de participación, serviría para redefinir y adaptar esa infraestructura ciclista ligera.

Pero pensamos que sería importante que estuvieran ahí como un indicador de la presencia de la bici, de la existencia de una ruta amable y una capa de información añadida. Como una guía a partir de la cual aprender a moverse por la ciudad, cada uno a su manera. Como una serie de lugares conocidos desde los que explorar lo desconocido.

¿Cuándo y dónde?

Todo esto no pasa de ser una propuesta. Una propuesta que hicimos para Oslo (con bastante buena recepción) pero que pensamos que puede interesar a otras ciudades, teniendo bastante potencial para ser desarrollada en colaboración entre varias.

Hay aspectos que hacen de éste un proyecto complejo de llevar a cabo. No es tan “sencillo” como desarrollar una aplicación independiente e invitar a la gente a usarla. Hay que trabajar cumpliendo complejos reglamentos, ajustándose a acuerdos y haciendo todo ello económicamente sostenible. Hacerlo bien implicará poner en contacto y de acuerdo a muchos agentes de la ciudad… como, por otro lado, debería suceder con cualquier nueva infraestructura.

Sin embargo, también es bastante escalable. Se puede poner a prueba con una inversión relativamente baja, e ir mejorándolo progresivamente, de prototipo en prototipo. Sobre la marcha se pueden renegociar los trazados de las líneas y modificar las funciones de la aplicación. Y si nada de eso se lleva a cabo servirá, como mínimo, para sugerir otro acercamiento posible a la bicicleta como transporte, como experiencia urbana y como estilo de vida, y que se siga hablando de ella.

Así que… ¿por qué no intentarlo?

Evalúa BikeLineActualmente estamos presentando la idea a una convocatoria de propuestas de la que podríamos obtener apoyo para desarrollar más el concepto y su plan de viabilidad. Si os parece que la idea es interesante y creéis que valdría la pena explorarla un poco más podéis apoyarnos, tras un rápido registro, valorando tres aspectos: relevancia, adecuación y viabilidad.

Valora el proyecto Bikeline

En la plataforma hay subidas, junto a esta, muchísimas otras iniciativas que merece la pena revisar. Os animamos a registraros y valorar las que más os llamen la atención.

Para más detalles podéis descargar en PDF un panel que explica la propuesta: BikeLine por Ecosistema Urbano (108).

 

¿Y a vosotros, qué os parece? Estamos deseando conocer vuestras opiniones y seguir debatiendo y pensando sobre cómo podemos mejorar la experiencia de ir en bicicleta por la ciudad.

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Metrominuto: un “plano del metro” peatonal para Pontevedra

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Metrominuto Pontevedra

Metrominuto Pontevedra

Os dejamos una preciosidad que descubrimos hace algún tiempo a través de Ciudad Observatorio: un plano pensado para visualizar diferentes rutas a pie por la ciudad de Pontevedra. Como explican muy acertadamente en el post original:

Un plano que parece un plano de metro, pero no lo es… En Pontevedra han diseñado este este esquema cogiendo la estética tan reconocida de este transporte para realizar el Metrominuto, o lo que viene a ser un plano con las distancia peatonales y tiempo que se tarda en recorrerlas.

En este caso se ha escogido la plaza Peregrina como Km 0 y a partir de ahí surgen los recorridos a diferentes lugares de interés como pueden ser hospitales, supermercados, la universidad o las estaciones. También indican los parques, espacios peatonales y sendas.

Para el Metrominuto, dentro del proyecto Pontevedra Mobilidade, la velocidad que se ha cogido es la de 4Km/h, y ya ha sido premiado con el premio europeo de la movilidad o premio Intermodes por considerarse el primer mapa de transporte pedestre de Europa. A esto se le suma una serie de indicaciones por la ciudad con las direcciones, las distancias y los tiempos.

Aunque es cierto que no es la primera ciudad donde se indican con señalizaciones el tiempo y la distancia que tardas en realizar un recorrido de forma peatonal, el hecho de que se haya realizado un plano de ello y que además se haya cogido como referente otro medio de transporte, eleva a la categoría de transporte urbano el ir andando, algo que ni se suele hacer ni se suele tener en cuenta para el diseño del espacio en las ciudades.

No estamos muy seguros de si será fácil orientarse con él si no conoces la ciudad. Pero sí que da una medida clarísima de su “caminabilidad”, y para los residentes que sí conozcan los lugares y la forma aproximada de llegar a ellos, puede suponer un gran aliciente para decidirse a ir caminando, especialmente en una ciudad tan peatonalizada y que puedes cruzar en media hora.

De momento parece que ha sentado un precedente y la idea se está empezando a extender de forma extraoficial en otras ciudades. ¡Enhorabuena al Concello de Pontevedra por esta iniciativa!

Página oficial: Metrominuto
Via Ciudad Observatorio

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La evolución de los mercados municipales | El caso del Mercado de San Antón, Madrid

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Entrada y letrero del mercado - Foto por Yukino Miyazawa en Flickr - clic para ver original

Entrada y letrero del mercado – Foto por Yukino Miyazawa en Flickr – clic para ver original

El mercado de San Antón se ubica en el corazón del barrio de Chueca, en pleno centro histórico de la ciudad de Madrid. El mercado fue inaugurado en el año 1945, normalizando e higienizando la venta de productos de alimentación que hasta entonces se realizaba al aire libre como mercadillo inundando de suciedad y malos olores esta zona del barrio de Justicia. Finalizada la guerra civil comienza la construcción de un mercado estable y cubierto que será inaugurado en 1945. El mercado fue construido con pilares de hormigón careciendo de todo interés arquitectónico, en parte debido a la necesidad de abaratar los costes en un contexto de guerra mundial donde escaseaban materiales como el acero.

Desde entonces y hasta su remodelación a partir del año 2006, el mercado de San Antón ha sido el mercado del barrio de Chueca. En los años 50 y 60 acogiendo a la población rural procedente de otras regiones de España. Durante los años 70 siendo el mercado familiar de los vecinos del barrio que criaban a sus niños en la década del desarrollismo y el baby boom en la ciudad de Madrid. En los años 80 empezaba a gestarse en el barrio una transformación social fenomenal que situaría al barrio como epicentro de la vida nocturna vinculada a la movida madrileña pasando el testigo en los 90 a la población gay que eligió el barrio de Chueca no ya solamente como lugar de vida y tránsito nocturno, sino como su referente residencial emblemático en la ciudad. En todos estos años, el mercado de San Antón fue el mercado del barrio de Chueca, para todos aquellos que lo habitaron y lo habitaban.

Antiguo mercado municipal de San Antón - Fuente: Caminando por Madrid - clic para ver original

Antiguo mercado municipal de San Antón – Fuente: Caminando por Madrid – clic para ver original

Es especialmente significativo el reconocimiento y aceptación que el antiguo mercado tuvo entre la población profesional de nivel socioeconómico medio-alto y orientación gay que recaló en el barrio desde los años 90. El mercado, antiguo, gris de hormigón, apagado por fuera, sin embargo atesoraba en su interior el bien más preciado por los vecinos: unos comerciantes emblema del barrio, conocedores de su historia y enraizados en ella, al frente de sus puestos y respondiendo diariamente de ellos en una relación de competencia, cooperación y complementariedad. El mercado de San Antón era una institución reconocible y apreciada por los vecinos. Los más antiguos por las relaciones trenzadas en el tiempo, los recién instalados porque encontraban entre las paredes del mercado y en el trato con los comerciantes un fragmento de esa identidad local necesaria para dialogar con la dimensión global, cosmopolita y anónima de sus vidas cotidianas. Fue un ejemplo del “buen vivir” popular propio de la ciudad de Madrid en esos años.

Sin embargo, el mercado de San Antón del barrio de Chueca necesitaba una profunda reforma integral de los elementos arquitectónicos exteriores e interiores a la altura de las exigencias de un establecimiento comercial de su entidad en el siglo XXI. En el año 2002, los veinte comerciantes adjudicatarios de las cincuenta bancas o puestos que constituían la Asociación de Comerciantes, comenzaron el largo proceso de reforma integral apoyándose en el Plan de Modernización y Dinamización de Mercados del Ayuntamiento de Madrid y del Plan FICO de la Comunidad de Madrid. En total ambas instituciones públicas cubrían a final de realización del proyecto el 35% del coste contratado en adjudicación. Sin embargo, la gran dimensión del proyecto, que exigía la demolición del edificio y su nueva construcción, era inalcanzable financieramente para la Asociación de Comerciantes. En esta tesitura se incluyó en el proyecto a una gran empresa de distribución; la adjudicataria fue finalmente la cadena Supercor del grupo El Corte Inglés. La financiera de esta empresa asumió el aval del coste de las obras que la Asociación de Comerciantes del Mercado de San Antón afronta desde entonces y durante las próximas décadas hasta su pago y liquidación. A cambio el supermercado se quedó con un tercio aproximadamente de la superficie comercial del nuevo mercado.

Vista de las tres plantas del mercado - Foto por Laura Tomàs Avellana - clic para ver original

Vista de las tres plantas del mercado – Foto por Laura Tomàs Avellana – clic para ver original

En el largo y complejo proceso de negociación del proyecto, la mitad de los antiguos comerciantes del mercado decidieron retirarse recibiendo a cambio una indemnización por la renuncia a la concesión del puesto correspondiente. Finalmente quedaron once de los antiguos comerciantes. El concepto de mercado que concibieron fue en aquellos momentos muy innovador: Unir una oferta de productos de alimentación fresca de alta calidad y distinción en la primera planta, con una oferta de establecimientos de comida semielaborada junto con establecimientos de restauración en la segunda planta. La tercera planta estaría destinada a una terraza cafetería abierta al cielo de Madrid. Todo ello en el marco de un diseño de mercado cómodo, funcional y vanguardista, con una iluminación cálida y climatización regulada; puestos abiertos y con diseño homogéneo e innovador.

Distribución de usos - Fuente: espormadrid.es - Clic para ver artículo original

Distribución de usos – Fuente: espormadrid.es – Clic para ver artículo original

Vista de uno de los puestos - foto por Yukino Miyazawa - clic para ver original

Vista de uno de los puestos – Foto por Yukino Miyazawa – Clic para ver original

Un espacio amable, reconstruido para la visita, la compra y el recorrido pausado. Una decisión clave fue integrar un solo puesto de alimentación por gremio. Es decir, una frutería, una charcutería, dos carnicerías como excepción, una panadería, etc… La razón era evitar la incomodidad del cliente ante la fidelización hacia un comerciante que implica el necesario rechazo al de al lado; incomodidad inevitable en una cultura de mercado basada en intercambios recíprocos que se prolongan durante largos períodos de tiempo. En fin, por lo dicho, pueden hacerse una idea de los destinatarios prioritarios del nuevo mercado de San Antón: Población profesional de poder adquisitivo medio-alto residente en el barrio de Chueca desde los años 90 que había hecho de la distinción social de género su símbolo de identidad y éxito.

El 17 de mayo del año 2011, el nuevo mercado de San Antón abría sus puertas con esplendor, nacía el símbolo del nuevo tipo de mercado del siglo XXI que requería la ciudad de Madrid. Autoridades políticas y sociales bendecían el nuevo mercado, la ruta a seguir para el resto estaba marcada.

El nuevo mercado es bonito y funcional, incluye un parking subterráneo, permite la compra integral gracias al supermercado. La organización interna es racional y los espacios de decisión claramente diferenciados. El supermercado es un ámbito autónomo cuya dinámica no interfiere en el discurrir diario del espacio del mercado. La asociación de comerciantes integra a los once comerciantes adjudicatarios de los 25 locales del espacio integral. Todos ellos, comerciantes adjudicatarios y responsables de los negocios arrendados están representados a su vez en AMSA (Asociación del Mercado de San Antón). Los restaurantes y cafeterías tienen su ritmo y horarios propios. Los portones del mercado abren los 365 días del año, de 10h de la mañana hasta las 12 de la noche. Los puestos del mercado de alimentación cierran a las 10 de la noche si bien sus productos permanecen visibles (a través de un original sistema de paneles deslizantes translúcidos). Los puestos de alimentación no dejan de ser el factor de atracción que da sentido y distingue el espacio integral a ojos del público que tapea o cena en los restaurantes de la segunda planta y la terraza de la tercera planta en verano. Es todo un paradigma de convivencia de espacios.

Vista hacia el interior a través de los vidrios de la terraza - foto por Emilio Canosa - clic para ver original

Vista hacia el interior a través de los vidrios de la terraza – foto por Emilio Canosa – clic para ver original

La terraza: diseño actual y vistas al barrio - Foto por Emilio Canosa - Clic para ver original

La terraza: superposición simbólica de elementos de diseño actual y vistas al barrio tradicional – Foto por Emilio Canosa – Clic para ver original

Los comerciantes del mercado han puesto en funcionamiento la fórmula de compra por teléfono y entrega a domicilio centralizado. Aproximadamente el 25% de la cifra de ventas del mercado de alimentación se realiza por este canal. Respecto a la compra presencial, entre semana puede verse a grupos de turistas recorrer el espacio integral con sus cámaras de foto y vídeo, apenas compran en la primera planta, pero degustan alguna tapa en los restaurantes de la segunda.

El fin de semana sucede algo parecido, los turistas se mezclan con visitantes de toda la ciudad de Madrid que acceden al mercado para tomarse unas cervezas en un entorno familiar que reproduce el espacio reconocible propio de una tarjeta postal de la cultural de mercado tradicional de Madrid.

Cafetería - Foto de Yukino Miyazawa - Clic para ver original

Cafetería – Foto de Yukino Miyazawa – Clic para ver original

Lo reproduce, pero no lo es, porque como mercado de abastos, los vecinos reales y residentes del barrio de Chueca han desertado. Solamente acuden a su antiguo mercado de San Antón a comprar productos gourmet para eventos excepcionales, momentos de comensalidad especial, en ningún caso para la compra del día a día. Los vecinos del barrio de Chueca, independientemente de su estatus económico, social o de género hacen su compra en otros mercados, preferentemente en el mercado aledaño de Barceló.

Cuando se pregunta a los vecinos por las razones, la respuesta es sencilla: porque hay comerciantes de verdad, reales y reconocibles. No hablan de precios ni de calidades, hablan de comerciantes. Si pensamos en una definición tipo y actual de mercado de abastos encontramos las pistas:

“Un mercado es una institución social y comercial dedicada esencialmente al intercambio de productos de alimentación; compuesta por comerciantes autónomos en relación de competencia, cooperación y complementariedad.”

Por eso decíamos en el párrafo anterior que el espacio integral de San Antón reproduce una tarjeta postal, pero solamente la reproduce, porque faltan sus protagonistas principales: los comerciantes. Más de la mitad de los once comerciantes supervivientes del antiguo mercado de San Antón tienen arrendados sus puestos a empresas comerciales franquiciadas de los gremios correspondientes de alimentación y hostelería. Los clientes son atendidos por empleados del comercio correspondiente: profesionales, bien uniformados, cordiales, limpios y asépticos. Perfectos para la fotografía o el vídeo, para la promoción del Madrid de postal que ofrece esta administración, para la mirada complaciente ante la cerveza y la tapa de moda; insuficiente para los vecinos del barrio que quieren frente a ellos profesionales que venden mientras aconsejan y orientan, que conocen a fondo sus productos porque los han seguido a lo largo de toda la cadena de valor, de origen a destino, que compiten y cooperan ofreciendo variedades diferentes en tipo, calidad y precio en cada uno de los gremios, que son hijos –por nacimiento o adopción– del barrio y del mercado cuya historia, virtudes y defectos conocen y defienden porque son parte de ellos… Y además son profesionales, limpios y cordiales.

Uno de los puestos más tradicionales... ¿o no? - Foto por Yukino Miyazawa - Clic para ver original

Uno de los puestos más tradicionales… ¿o no? – Foto por Yukino Miyazawa – Clic para ver original

A fecha de hoy, dos años y medio después de la inauguración del mercado de San Antón, los once comerciantes que componen la Asociación de Comerciantes del Mercado de San Antón son conscientes que han inventado un nuevo mercado, pero que por el camino han perdido al barrio. Un mercado de abastos no es una sociedad artificial y anónima que se reproduce homogéneamente como una franquicia o un supermercado de barrio. El mercado, y los once comerciantes adjudicatarios del mercado ya han tomado conciencia de ello; un mercado tiene que tener raíces en el espacio social para ser reconocido como tal por sus clientes, si no, no funciona. Y esas raíces son ellos mismos, los antiguos comerciantes del Mercado, los que constituyen la asociación de comerciantes del mercado de San Antón y que los vecinos buscan y no encuentran.

Acceso al mercado - Foto por Yukino Miyazawa - Clic para ver original

Acceso al mercado – Foto por Yukino Miyazawa – Clic para ver original

Para empezar a visibilizarse como tales, la Asociación de comerciantes, conservando los elementos estéticos y el acertado concepto que lo ha convertido en un mercado innovador y vanguardista de la ciudad, ha empezado a desarrollar diferentes estrategias para visibilizarse y empezar a recuperar a las gentes y vecinos del barrio de Chueca como clientes. Por ejemplo, invitando a los colegios del barrio a hacer recorridos gastronómicos por sus instalaciones, estableciendo relaciones con las asociaciones del barrio, etc. El diseño de la estrategia comercial del mercado de San Antón, acertada al unir oferta de alimentación de calidad y restauración, sin embargo, desacertó al pensar que el factor de distinción, de género, que había canalizado el éxito de la renovación del barrio de Chueca, se trasladaría mecánicamente al campo comercial a través de un concepto de distinción identificado con “calidad artificial sin arraigo.”

Movimiento junto a la entrada del mercado - foto por Emilio Canosa - clic para ver original

Movimiento junto a la entrada del mercado – Foto por Emilio Canosa – Clic para ver original

Lo que todos aprendemos diariamente es que un mercado de abastos de verdad, reconocible y reconocido por sus vecinos y clientes, se puede renovar, reinventar, pero no trasplantar. El edificio y sus pilares de hormigón pueden ser nuevos, funcionales y atractivos, pero sus raíces son orgánicas, necesitan tiempo para enraizar en el cuerpo social al que pertenecen. Quizá ésta sí sea la ruta a seguir para otros.

Artículo de Juan Ignacio Robles (www.antropologiaenaccion.org), profesor de antropología social en la Universidad Autónoma de Madrid, publicado inicialmente en la revista “Distribución y consumo” nº 82 de Mercasa

Enlaces de interés:

Página web oficial: http://mercadosananton.com/
Críticas y comentarios diversos de los usuarios: Mercado de San Antón – Minube
El nuevo edificio es de QVE Arquitectos – estudio Ataria

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Un enfoque participativo para la creación de políticas urbanas (II) | Entrevista a David Lawless, Dún Laoghaire

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David Lawless

Al hilo de la reciente entrevista a Chantal Olffers, os dejamos este otro vídeo en el que David Lawless, responsable de desarrollo social en Dún Laoghaire, Irlanda, nos cuenta su propia experiencia en la complicada gestión de un grupo de trabajo en un intento de coordinar, con unos objetivos comunes, las iniciativas ciudadanas existentes y los nuevos impulsos desde el gobierno local.

Transcripción del vídeo:

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Parques al oeste de Madrid | eu:KIDS

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Parque del Oeste-654

Cuatro de días de fiesta en Madrid. Si no os vais a la playa, os propongo estos planes con niños … o sin ellos. ¡Que disfrutéis del puente!